-¿Qué dice? -pregunté, señalando el papel que el hombre me había extendido.
-Que necesitas gafas.
-Ajá. Pero -volví a señalar- ¿acá qué dice?
-Que necesitas gafas.
-Ah... pero acá no dice eso.
-Sí, que necesitas gafas.
-Acá, esta palabra, ¿acá dice "que necesitas gafas"?
-Nosotros lo decimos así.
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martes, 16 de marzo de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
¿Por qué me llamas Calvin?
Es increíble como una frase dicha al pasar, algo que uno dice y olvida casi instantáneamente, puede convertirse en una señal, una característica, el símbolo con el que los demás te recuerden.
HACE UNOS DÍAS ESTUVE cenando con un grupo de gente con el que había coincidido en otra cena, un par de meses atrás. La charla, en su largo primer tramo, discurrió sobre cuestiones culinarias. A los españoles les gusta muchísimo, les encanta, les fascina, hablar de cocina. Pasan horas y horas hablando de cocina, de cómo se prepara esto o aquello, de dónde es más rico el jamón, del secreto para que tal o cual plato tenga ese sabor... A mí, en cambio, el tema me aburre muchísimo. No me gusta, no me interesa, sólo pienso en comida cuando me agarra hambre, y después de comer me olvido del tema hasta que vuelve a darme hambre. Por eso, en esas reuniones me paso gran parte del tiempo callado y sin participar, porque no tengo nada que decir, ni tampoco me interesa decir nada.
Eso pasó el otro día durante un rato largo. Después el tema derivó en otros, y alguien comentó que, en una fiesta en la que había estado días atrás, habían jugado a una versión virtual, youtubesca, del "dígalo con mímica" (conocido aquí como "el juego de las películas"). Consistía en lo siguiente: alguien tomaba una computadora, ponía en YouTube un fragmento de alguna película (imagen sin sonido o audio sin imagen) y los demás debían acertar de qué película se trataba. Uno de ellos se propuso para poner películas, y así lo hizo con unas cuantas, hasta que ofreció que otra persona tomara la posta. Lo hice yo. Entonces alguien me dijo:
-¿Vas a poner Regreso al futuro?
Miré sorprendidísimo. Volver al futuro es una de mis películas fetiche, soy fan de Volver al futuro, cualquier persona que me conoce un poco lo sabe, pero ellos no me conocen. ¿Cómo sabían, por qué dijeron eso?
LO PREGUNTÉ Y ALGUIEN me lo explicó. En aquella otra cena, la de dos meses antes, la conversación había versado durante largo rato sobre un viaje a Nueva York que una pareja había hecho. Y, entre otras tantas cosas, de marcas, y por algún motivo nombraron a Calvin Klein. En ese momento yo compartí uno de esos datos por lo general completamente inútiles que uno suele acumular: que en la década del 80 esa marca debía ser muy poco conocida en España, porque cuando, en Volver al futuro, Marty McFly viaja al pasado, a 1955, su madre, Lorraine, lo llama "Calvin Klein", ya que cree que él ese llama así porque eso dicen sus calzoncillos; pero en el doblaje español de la película no lo llaman con ese nombre, sino con otro, que yo no recordaba.
Yo me olvidé enseguida de lo que había dicho, pero ellos no. Ellos no guardaban ningún recuerdo de esa escena, y que les soltara esa referencia hizo que me vieran como un friki.
¿SOY UN FRIKI? NO SÉ. Pero ayer estaban poniendo Volver al futuro en Cuatro y vi por enésima vez el final. Busqué en internet y supe, otra vez, que los dobladores españoles decidieron que Lorraine llamara a Marty "Levi Strauss". Y que no hablaran de 88 millas sino de 140 kilómetros por hora. Y que Biff, en el final, cuando aparece como el tonto que le limpia el auto a George, usa un equipito de gimnasia Adidas, al contrario que el canchero de Marty, que lleva Nike (una versión ochentosa y deportiva del famoso anuncio PC vs. Mac). Y recordé que no es bueno tener mucha información sobre el futuro, pero que todos miramos al tipo o la mujer del tiempo -precisamente- para saber si conviene salir con paraguas (o con chaleco antibalas). Y que adonde vamos no necesitamos... carreteras.
HACE UNOS DÍAS ESTUVE cenando con un grupo de gente con el que había coincidido en otra cena, un par de meses atrás. La charla, en su largo primer tramo, discurrió sobre cuestiones culinarias. A los españoles les gusta muchísimo, les encanta, les fascina, hablar de cocina. Pasan horas y horas hablando de cocina, de cómo se prepara esto o aquello, de dónde es más rico el jamón, del secreto para que tal o cual plato tenga ese sabor... A mí, en cambio, el tema me aburre muchísimo. No me gusta, no me interesa, sólo pienso en comida cuando me agarra hambre, y después de comer me olvido del tema hasta que vuelve a darme hambre. Por eso, en esas reuniones me paso gran parte del tiempo callado y sin participar, porque no tengo nada que decir, ni tampoco me interesa decir nada.
Eso pasó el otro día durante un rato largo. Después el tema derivó en otros, y alguien comentó que, en una fiesta en la que había estado días atrás, habían jugado a una versión virtual, youtubesca, del "dígalo con mímica" (conocido aquí como "el juego de las películas"). Consistía en lo siguiente: alguien tomaba una computadora, ponía en YouTube un fragmento de alguna película (imagen sin sonido o audio sin imagen) y los demás debían acertar de qué película se trataba. Uno de ellos se propuso para poner películas, y así lo hizo con unas cuantas, hasta que ofreció que otra persona tomara la posta. Lo hice yo. Entonces alguien me dijo:-¿Vas a poner Regreso al futuro?
Miré sorprendidísimo. Volver al futuro es una de mis películas fetiche, soy fan de Volver al futuro, cualquier persona que me conoce un poco lo sabe, pero ellos no me conocen. ¿Cómo sabían, por qué dijeron eso?
LO PREGUNTÉ Y ALGUIEN me lo explicó. En aquella otra cena, la de dos meses antes, la conversación había versado durante largo rato sobre un viaje a Nueva York que una pareja había hecho. Y, entre otras tantas cosas, de marcas, y por algún motivo nombraron a Calvin Klein. En ese momento yo compartí uno de esos datos por lo general completamente inútiles que uno suele acumular: que en la década del 80 esa marca debía ser muy poco conocida en España, porque cuando, en Volver al futuro, Marty McFly viaja al pasado, a 1955, su madre, Lorraine, lo llama "Calvin Klein", ya que cree que él ese llama así porque eso dicen sus calzoncillos; pero en el doblaje español de la película no lo llaman con ese nombre, sino con otro, que yo no recordaba.
Yo me olvidé enseguida de lo que había dicho, pero ellos no. Ellos no guardaban ningún recuerdo de esa escena, y que les soltara esa referencia hizo que me vieran como un friki.
¿SOY UN FRIKI? NO SÉ. Pero ayer estaban poniendo Volver al futuro en Cuatro y vi por enésima vez el final. Busqué en internet y supe, otra vez, que los dobladores españoles decidieron que Lorraine llamara a Marty "Levi Strauss". Y que no hablaran de 88 millas sino de 140 kilómetros por hora. Y que Biff, en el final, cuando aparece como el tonto que le limpia el auto a George, usa un equipito de gimnasia Adidas, al contrario que el canchero de Marty, que lleva Nike (una versión ochentosa y deportiva del famoso anuncio PC vs. Mac). Y recordé que no es bueno tener mucha información sobre el futuro, pero que todos miramos al tipo o la mujer del tiempo -precisamente- para saber si conviene salir con paraguas (o con chaleco antibalas). Y que adonde vamos no necesitamos... carreteras.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Según pasan los años
UNO. Desde chiquito consumí fútbol. Mi padre, muy hincha de River, me transmitió la pasión por los colores. Sin embargo, no fue sino hasta mis 12 años cuando empecé a seguir el fútbol en serio, a hacer esa cosa tan importante para los hinchas que es saber de fútbol.Ese comienzo tiene una fecha precisa: el final del año 1989, cuando Alfredo Dávicce se convirtió en el presidente de River y contrató a un recién retirado Daniel Passarella para ser director técnico, puesto en el que no tenía ninguna experiencia. El Gran Capitán tomó un equipo que estaba segundo, a un punto de Independiente (el DT hasta entonces había sido Mostaza Merlo), y lo guió hacia la obtención del campeonato, a mediados de 1990, el último que se jugó como Dios manda, a dos ruedas ida y vuelta.
DOS. Passarella metió mano a la formación que Merlo le había dejado. Recuerdo que tenía en mi pieza un póster de aquel River de la primera rueda, todavía años 80: en aquella formación estaban el gato Miguel, Fabio Talarico, Carucha Corti, Hugo De León, el Tapón Gordillo, el Checho Batista y otros que mi memoria no ha conservado.
Unos meses después, aquel Checho Batista fue a jugar el mundial de Italia. No empezó como titular, pero jugó luego varios partidos. Recuerdo a Sofovich y Nimo criticándolo luego de uno de esos partidos: decían que parecía jugar con una valija en cada mano, por lo lento que era. Por lo menos así lo veían ellos. Sin embargo, aquel Checho -lo recuerdo- dejó la vida en la cancha...A lo que iba: Passarella metió mano en aquel equipo heredado, y uno de sus cambios fue sacar a Batista y poner de 5 a un pibito que aún no cumplía 20 años pero que ya se perfilaba como heredero de Pipo Rossi, de Mostaza, del Tolo Gallego. Ese pibito, morocho, de ojos un poco saltones, gracias a su juego, a su sacrificio y a la verba de Víctor Hugo Morales, primero fue Pacman y luego el Jefe.
TRES. En fin, que el triunfo de Passarella en las elecciones de River me trae todos estos recuerdos. Exactamente dos décadas después, Astrada ya hizo toda su carrera como futbolista, se consagró como el más veces campeón en la historia del club, se retiró, fue campeón como entrenador, se fue a hacer experiencia a otros equipos y ahora está de regreso. Passarella fue varias veces técnico campeón, dirigió a la selección y a otros equipos, de nuevo en River y ahora el mejor 6 gana las elecciones por 6 votos en la madrugada del 6.
Y yo, con 20 años más, también tengo, por supuesto, unas cuantas batallas más encima. Más experiencia, más conocimientos, más resignación, más cinismo. Lo bueno y lo malo, en resumen. Y sin embargo -y esto me encanta, y lo valoro como a un tesoro- sigo sintiendo que el mismo gusanito me recorre el cuerpo cuando una pelota empieza a rodar y uno de los equipos que juegan es ese de camiseta blanca con una banda roja cruzándole el pecho que mi padre me enseñó a amar.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Algunas postales de una tarde entre caballos
El último fin de semana se desarrolló el 99º Concurso de Saltos Internacional, en el Club Villa de Madrid. El sábado estuve allí con mi amigo Francisco -quien consiguió las entradas- y tomé algunas fotos.

Este es Robert Smith, el inglés que ganó la primera serie que vimos, segunda de la tarde. La tercera y final, la más importante (incluso estuvo presente Ruiz Gallardón, el alcalde de Madrid), la ganó una jocketa yanqui.

El momento en que el caballo se estira para superar las vallas; estas últimas promocionan la campaña para que las olimpíadas de 2016 se realicen en Madrid.

Otro salto. De fondo, las banderas de los países de donde provenían todos los concursantes. La segunda de izquierda a derecha es la argentina.

Otro salto.

Por supuesto, la gente que va a estas cosas es súper cheta/pija, como dicen acá (con perdón). Aquí, una señora que se protegía de la molesta llovizna con su paraguas.

Las niñas con sus botas de montar. Qué nivel.

Y, como no podía ser de otra manera, la presencia argentina. Dentro de poco escribiré un post sobre algo que no deja de pasarme: cada vez que salgo a la calle, en cualquier lugar de Madrid, me cruzo con alguien con una remera, la campera, un gorro, lo que sea, que dice Argentina. En este lugar vi a dos personas: el primero con una campera con la bandera en la espalda.

Y el segundo, con un buzo:

Y había hasta un puesto con productos argentinos. Es que, claro, nuestro polo es de exportación...

Este es Robert Smith, el inglés que ganó la primera serie que vimos, segunda de la tarde. La tercera y final, la más importante (incluso estuvo presente Ruiz Gallardón, el alcalde de Madrid), la ganó una jocketa yanqui.

El momento en que el caballo se estira para superar las vallas; estas últimas promocionan la campaña para que las olimpíadas de 2016 se realicen en Madrid.

Otro salto. De fondo, las banderas de los países de donde provenían todos los concursantes. La segunda de izquierda a derecha es la argentina.

Otro salto.

Por supuesto, la gente que va a estas cosas es súper cheta/pija, como dicen acá (con perdón). Aquí, una señora que se protegía de la molesta llovizna con su paraguas.

Las niñas con sus botas de montar. Qué nivel.

Y, como no podía ser de otra manera, la presencia argentina. Dentro de poco escribiré un post sobre algo que no deja de pasarme: cada vez que salgo a la calle, en cualquier lugar de Madrid, me cruzo con alguien con una remera, la campera, un gorro, lo que sea, que dice Argentina. En este lugar vi a dos personas: el primero con una campera con la bandera en la espalda.

Y el segundo, con un buzo:

Y había hasta un puesto con productos argentinos. Es que, claro, nuestro polo es de exportación...
martes, 19 de mayo de 2009
El trueque y yo, en el noticiero de TVE
Una periodista y un par de camarógrafos de TVE estuvieron en la feria de trueque de la que hablé algunos posts atrás, realizada el sábado 25 de abril. Ayer pasaron un informe en el noticiero, tanto en la edición del mediodía como en la de la noche. Y allí aparezco yo, intercambiando un teléfono viejo (no un celular/móvil, sino un aparato de teléfono fijo) por un libro de Shakespeare. La imagen de aquí al lado es una captura de la pantalla: yo sostengo el libro en la mano izquierda, y el chico con quien hice el intercambio tiene el teléfono en la suya.Con esta -otra de mis intempestivas y, para mí, divertidas apariciones en la pantalla chica- compruebo una vez más el poder y el alcance de la TV: a pesar de que no me conoce mucha gente en España, varias personas me contaron que me vieron. De hecho, me enteré de mi aparición por medio de un sms...
Quisiera poner el video acá, pero está en la web de TVE, que incomprensiblemente no permite incluir sus videos en otras páginas. Así que les dejo el enlace a la página donde está el video; allí, para ver el informe sobre el trueque (que dura un minuto y medio) lo tienen que adelantar hasta el minuto 33:40. Y me verán y escucharán.
Link: TVE - Telediario (18/05/09)
martes, 12 de mayo de 2009
Me siento un poco viejo
Muchos argentinos de mi generación fuimos marcados a fuego por un evento deportivo: el mundial de fútbol de Italia en 1990. No sé específicamente por qué, aunque creo que fue una suma de motivos: que estábamos en una edad en la que empiezan a descubrirse muchas cosas nuevas (yo tenía 12 años), que aquel equipo fue histórico por las hazañas que logró (triunfo contra Brasil, victoria por penales ante Italia), con muchos lesionados, los penales de Goycochea, la injusticia del penal en la final, las lágrimas de Diego, la canción...
Precisamente, hace unos días un amigo ponía en Facebook el video de la canción del mundial, esa que sin ser una gran canción ni sepamos lo que dice ni nunca nos hayamos interesado por quienes la cantaban ni nada de nada, nos seguirá poniendo la piel de gallina por los siglos de los siglos.
Y pasa que los años pasan, y es un poco fuerte comprobar que el próximo se cumplirán 20, dos décadas, desde aquel mundial. Que ya hay toda una generación entera de jóvenes que -cuando en mi casa veíamos aquel mundial, todavía en un pequeño televisor blanco y negro de 14 pulgadas al que había que girarle la ruedita para ajustarle la sintonía fina y que se viera mejor- en aquel momento no había nacido.
¿Por qué lo recuerdo precisamente hoy? Porque leo en Olé una entrevista al mediocampista de Racing Franco Zuculini, recientemente convocado a la selección, que se titula con una frase suya: "No sé ni cómo saludar a Maradona", y en la bajada agrega "tengo muchos videos suyos"... Y me meto a averiguar y me entero de que Zuculini nació el 5 de septiembre de 1990. ¡Dos meses después de la final, del penal inventado por Codesal, del desprecio de Diego a Havelange! ¡Exactamente tres años antes del 0-5 contra Colombia! Es decir, para este pibe las eliminatorias del mundial 94, la citación del Diego, los partidos contra Australia, MacAllister en bolas en el vestuario, todo eso es tan remoto para él como lo es para mí el título de Maradona en Boca en el 81 o el pase del Matador Kempes a River...
Ya me había pasado hace un par de semanas, cuando los diarios me recordaban que el primer gol de Gallardo a Boca fue en el 94, hace 15 años. ¡15 años! ¿Cómo no sentirse un poco viejo cuando pasan estas cosas?
Precisamente, hace unos días un amigo ponía en Facebook el video de la canción del mundial, esa que sin ser una gran canción ni sepamos lo que dice ni nunca nos hayamos interesado por quienes la cantaban ni nada de nada, nos seguirá poniendo la piel de gallina por los siglos de los siglos.
Y pasa que los años pasan, y es un poco fuerte comprobar que el próximo se cumplirán 20, dos décadas, desde aquel mundial. Que ya hay toda una generación entera de jóvenes que -cuando en mi casa veíamos aquel mundial, todavía en un pequeño televisor blanco y negro de 14 pulgadas al que había que girarle la ruedita para ajustarle la sintonía fina y que se viera mejor- en aquel momento no había nacido.¿Por qué lo recuerdo precisamente hoy? Porque leo en Olé una entrevista al mediocampista de Racing Franco Zuculini, recientemente convocado a la selección, que se titula con una frase suya: "No sé ni cómo saludar a Maradona", y en la bajada agrega "tengo muchos videos suyos"... Y me meto a averiguar y me entero de que Zuculini nació el 5 de septiembre de 1990. ¡Dos meses después de la final, del penal inventado por Codesal, del desprecio de Diego a Havelange! ¡Exactamente tres años antes del 0-5 contra Colombia! Es decir, para este pibe las eliminatorias del mundial 94, la citación del Diego, los partidos contra Australia, MacAllister en bolas en el vestuario, todo eso es tan remoto para él como lo es para mí el título de Maradona en Boca en el 81 o el pase del Matador Kempes a River...
Ya me había pasado hace un par de semanas, cuando los diarios me recordaban que el primer gol de Gallardo a Boca fue en el 94, hace 15 años. ¡15 años! ¿Cómo no sentirse un poco viejo cuando pasan estas cosas?
miércoles, 22 de abril de 2009
No me gustan los microrrelatos
1
No me gustan los microrrelatos, qué le voy a hacer. No les encuentro nada de toda esa fascinación de la que últimamente tanto se habla. O sea, me gustan algunos microrrelatos, como me gustan algunos haikus, como me gustan algunos relatos (no micro) con final sorpresivo, como me gustan algunas comedias románticas de Hollywood. Pero así como si uno toma una "antología de relatos con final sorpresivo", después de leer el tercero ya no quiere leer nada más porque no hay nada más previsible que un final que se sabe sorpresivo; así me pasa si tomo una colección de microrrelatos: después del tercero ya quiero pasar a los relatos de verdad.
En fin, todo esto porque anteayer estuve en la charla inaugural de la Semana de Autor que la Casa de América de Madrid le está dedicando en estos días a Antonio Skármeta. La charla -que contó con la presencia de Rodrigo Fresán, Renata Villoro (que leyó un texto de su hermano Juan) y Randolph Pope, un crítico chileno de nombre anglófono- estuvo dedicada a los cuentos en la obra de Skármeta. Obra que comienza, precisamente, con sus únicos tres libros de cuentos (después publicó cuentos en diversos libros, antologías propias y ajenas, pero nunca más un libro de cuentos propio), el último de los cuales finaliza con un microrrelato que le da nombre al libro: "Desnudo en el tejado".
Dice así: «¿Y qué pretendes? ¿Que viva desnudo en el tejado?».
2
Cualquier lector de este blog sabe que soy un gran admirador de Rodrigo Fresán. Su texto hablaba de su historia como lector de Skármeta, al que descubrió en la adolescencia, y mencionaba un microrrelato que escribió cuando era muy chico. Se titulaba "Amnesia" y decía así: «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme». Me parece divertido. Y es que -me parece- los microrrelatos deben ser divertidos o no ser nada (muchos parecen elegir esta última opción).
Cuando me senté a escribir este post pensaba en simplemente citar estos dos microrrelatos ("Desnudo en el tejado" y "Amnesia") y decir que me gustaron. Pero antes de empezar se me dio por googlear, entre comillas, el texto de "Amnesia"; para mi sorpresa, muchos de los 168 resultados que me arroja el Sr. Google no lo dicen como un chiste, sino que se trata de un mero error, una confusión (tal vez psicoanalíticamente analizable) entre los verbos querer y poder del famosísimo comienzo del Quijote.
Y encontré, también, una contratapa de Página/12 de hace muy poquitos días en la que Fresán también echa mano de su microrrelato de infancia, para hablar no de Skármeta sino de Ana María Shua. Y eso porque en estos días se publica aquí en España su volumen de microrrelatos Cazadores de letras. Fresán elogia a Shua, pero yo no puedo evitar ver en todo el artículo una cierta sorna; bueno, quizá soy yo el que pone la sorna. Y es que recuerdo cuando Cazadores de letras se editó hace varios años en la Argentina, y mereció un sueltito en la Revista Ñ, que transcribía el microrrelato que le daba nombre al volumen, "Cazadores de letras".
Dice así: «¡Huyamos! Los cazadores de letras están aq...»
Recuerdo que el suelto de Ñ terminaba agregando lo siguiente: "Así cualq...". Y yo sentí lo mismo.
3
No me gustan los microrrelatos, pero ya que Fresán juega con variantes del dinosaurio de Monterroso, me voy a permitir yo hacer lo mismo para cerrar este post. Microrrelato basado en un hecho real. Lo podríamos titular "Skármeta":
«Cuando llegué, Skármeta todavía estaba allí.»
Cuando llegué a la Casa de América, quiero decir, y Skármeta estaba allí, en la entrada, al lado mío, los dos casi solos, él sin saber muy bien por dónde debía acceder, y ya habían pasado algunos minutos de la hora pactada para comenzar la charla. Sí, ya sé que si tengo que explicarlo no tiene sentido. Es que no se me dan bien los microrrelatos. Está bien, tienen razón, me dedicaré a otra cosa...
No me gustan los microrrelatos, qué le voy a hacer. No les encuentro nada de toda esa fascinación de la que últimamente tanto se habla. O sea, me gustan algunos microrrelatos, como me gustan algunos haikus, como me gustan algunos relatos (no micro) con final sorpresivo, como me gustan algunas comedias románticas de Hollywood. Pero así como si uno toma una "antología de relatos con final sorpresivo", después de leer el tercero ya no quiere leer nada más porque no hay nada más previsible que un final que se sabe sorpresivo; así me pasa si tomo una colección de microrrelatos: después del tercero ya quiero pasar a los relatos de verdad.En fin, todo esto porque anteayer estuve en la charla inaugural de la Semana de Autor que la Casa de América de Madrid le está dedicando en estos días a Antonio Skármeta. La charla -que contó con la presencia de Rodrigo Fresán, Renata Villoro (que leyó un texto de su hermano Juan) y Randolph Pope, un crítico chileno de nombre anglófono- estuvo dedicada a los cuentos en la obra de Skármeta. Obra que comienza, precisamente, con sus únicos tres libros de cuentos (después publicó cuentos en diversos libros, antologías propias y ajenas, pero nunca más un libro de cuentos propio), el último de los cuales finaliza con un microrrelato que le da nombre al libro: "Desnudo en el tejado".
Dice así: «¿Y qué pretendes? ¿Que viva desnudo en el tejado?».
2
Cualquier lector de este blog sabe que soy un gran admirador de Rodrigo Fresán. Su texto hablaba de su historia como lector de Skármeta, al que descubrió en la adolescencia, y mencionaba un microrrelato que escribió cuando era muy chico. Se titulaba "Amnesia" y decía así: «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme». Me parece divertido. Y es que -me parece- los microrrelatos deben ser divertidos o no ser nada (muchos parecen elegir esta última opción).
Cuando me senté a escribir este post pensaba en simplemente citar estos dos microrrelatos ("Desnudo en el tejado" y "Amnesia") y decir que me gustaron. Pero antes de empezar se me dio por googlear, entre comillas, el texto de "Amnesia"; para mi sorpresa, muchos de los 168 resultados que me arroja el Sr. Google no lo dicen como un chiste, sino que se trata de un mero error, una confusión (tal vez psicoanalíticamente analizable) entre los verbos querer y poder del famosísimo comienzo del Quijote.
Y encontré, también, una contratapa de Página/12 de hace muy poquitos días en la que Fresán también echa mano de su microrrelato de infancia, para hablar no de Skármeta sino de Ana María Shua. Y eso porque en estos días se publica aquí en España su volumen de microrrelatos Cazadores de letras. Fresán elogia a Shua, pero yo no puedo evitar ver en todo el artículo una cierta sorna; bueno, quizá soy yo el que pone la sorna. Y es que recuerdo cuando Cazadores de letras se editó hace varios años en la Argentina, y mereció un sueltito en la Revista Ñ, que transcribía el microrrelato que le daba nombre al volumen, "Cazadores de letras".
Dice así: «¡Huyamos! Los cazadores de letras están aq...»
Recuerdo que el suelto de Ñ terminaba agregando lo siguiente: "Así cualq...". Y yo sentí lo mismo.
3
No me gustan los microrrelatos, pero ya que Fresán juega con variantes del dinosaurio de Monterroso, me voy a permitir yo hacer lo mismo para cerrar este post. Microrrelato basado en un hecho real. Lo podríamos titular "Skármeta":«Cuando llegué, Skármeta todavía estaba allí.»
Cuando llegué a la Casa de América, quiero decir, y Skármeta estaba allí, en la entrada, al lado mío, los dos casi solos, él sin saber muy bien por dónde debía acceder, y ya habían pasado algunos minutos de la hora pactada para comenzar la charla. Sí, ya sé que si tengo que explicarlo no tiene sentido. Es que no se me dan bien los microrrelatos. Está bien, tienen razón, me dedicaré a otra cosa...
miércoles, 8 de abril de 2009
A media asta
El viernes pasado estuve (por primera vez) en la embajada argentina en España, ubicada en el 21 de la calle Pedro de Valdivia. La bandera de la calle estaba a media asta, como parte del duelo por la muerte de Raúl Alfonsín.




martes, 24 de febrero de 2009
31
Hoy es mi cumpleaños y esa es la edad que tengo desde hoy: 31.Alguien me preguntó hace un rato cómo me levanté: depre, animado, normal. Mi respuesta fue: "Animado. Siempre en mis cumpleaños me levanto animado. Me siento especial." Tal vez sea un poco absurdo sentirse especial el día del cumpleaños, pero bueno, entre tantas cosas absurdas que suceden en el mundo, ésta -que genera que mucha gente se acuerde de vos y te diga cosas lindas y te recuerde que te quiere y que incluso algunos audaces se la jueguen y te regalen algo- es una de las mejores.
Ayer había puesto en mi estado en el Facebook "30 años y 365 días", y alguien me dijo que no me avergüence de mis 31. Quizá se confundió y creyó que prefería no decir 31, cuando en realidad sólo indicaba un dato de la realidad: como el año pasado fue bisiesto, habían pasado 365 días desde que cumplí los 30, pero aún no tenía 31. Por supuesto que no me avergüenzo de mis 31. Al contrario: no sólo creo que es, como me dijeron, "una edad muy buena", sino que para mí siempre la mejor edad es la que tengo.
lunes, 19 de enero de 2009
Lo que me perdí de Madrid
Vuelvo al blog, luego de una temporada en Argentina, dos tercios de ella trabajando desde allá y el último, de vacaciones. ¿Qué me perdí de Madrid durante estas semanitas? Principalmente, la tormenta de nieve que colapsó la ciudad, bloqueó caminos y dejó el Parque del Retiro así de lindo:





De hecho, alguien armó un powerpoint con estas y otras imágenes y a mí, que no tengo tantos contactos españoles, me llegó por dos personas que no se conocen entre sí. Así que evidentemente esto no fue un acontecimiento sólo para quienes venimos de afuera, sino también para la gente que vive en Madrid.
Pero bueno, ya podré disfrutar de alguna nevada próxima sobre la ciudad...





De hecho, alguien armó un powerpoint con estas y otras imágenes y a mí, que no tengo tantos contactos españoles, me llegó por dos personas que no se conocen entre sí. Así que evidentemente esto no fue un acontecimiento sólo para quienes venimos de afuera, sino también para la gente que vive en Madrid.
Pero bueno, ya podré disfrutar de alguna nevada próxima sobre la ciudad...
sábado, 29 de noviembre de 2008
Bajando a Buenos Aires
Quiero ver qué pasa ahí,
quiero ver con mis propios ojos.
Las noticias son confusas aquí fuera,
nadie sabe qué decir.
Unos dicen que mejora,
otros dicen que es peor,
unos dicen que es lo mismo,
por eso es que ahora voy
bajando a Buenos Aires...
Claudio Gabis, 1973
jueves, 9 de octubre de 2008
Canciones de nuestras vidas
Hace un par de días subimos al blog del Chancho un post sobre "las canciones de nuestras vidas". Los invito a leer la introducción del texto en esta captura... y luego ir a la entrada original, terminar de leer y, además, escuchar las canciones.
PD: Entre los comentarios, alguien dijo que la consigna podía dar para un meme (es decir, una de esas cadenas en las que todos tienen que responder a una pregunta...), y lo propondría aquí si es que este blog tuviera algún lector. Pero como sé que no tiene ninguno, no digo nada. ¿O es que alguien anda por ahí y se prende...?
PD: Entre los comentarios, alguien dijo que la consigna podía dar para un meme (es decir, una de esas cadenas en las que todos tienen que responder a una pregunta...), y lo propondría aquí si es que este blog tuviera algún lector. Pero como sé que no tiene ninguno, no digo nada. ¿O es que alguien anda por ahí y se prende...?
martes, 7 de octubre de 2008
Yo también cacé libros el sábado
Cacé libros aunque, claro, sin el nivel del amigo Ramiro, que en su paseo por New York City se cruzó con Susan Sarandon y Tim Robbins...El sábado fui a la Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo, organizada en el Paseo de Recoletos de Madrid. Me pasé tres horas recorriendo los stands, revolviendo libros usados como tanto me gusta hacer y como tanto cuesta en esta ciudad, donde las librerías de viejo -al contrario que en Buenos Aires- escasean. Me llevé tres perlas: Los adioses, de Juan Carlos Onetti, El olor de la guayaba, conversaciones entre García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza, y el fascinante ¿Cómo se llama este libro?, un ingenioso conjunto de problemas y acertijos lógicos reunidos hace 30 años por el estadounidense Raymond Smullyan.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Los madrileños no leen a Carver
Lo intuía. La intuición me decía que, aunque hubieran pasado casi dos meses desde que devolví a la biblioteca -fuera de fecha y sin haberlo terminado de leer- el libro Catedral, de Raymond Carver, nadie más lo habría pedido. Y que el señalador que me había olvidado en su interior estaría allí, intacto, indicando la misma página en la que interrumpí mi lectura.
No había podido ir a buscarlo, a reclamarlo, por cuestiones de trabajo, horarios (en agosto la biblioteca sólo abría por la mañana) y otros asuntos. Si hoy hubiese descubierto que el libro no estaba disponible porque alguien se lo había llevado o, peor aún, si estaba disponible pero sin marcapágina alguno en su interior, iba a sentirme mal. Iba a sentirme un boludo, más precisamente. El señalador fue un regalo que Mónica me trajo de Grecia, y que me dio hace un año y un día, cuando llegué a España para quedarme. Fue un regalo originado, precisamente, por un post de este blog...
Pero, en el fondo, yo sabía que nadie iría a buscar ese libro. El señalador es mío y lo sabe. Me estaba esperando a mí.
No había podido ir a buscarlo, a reclamarlo, por cuestiones de trabajo, horarios (en agosto la biblioteca sólo abría por la mañana) y otros asuntos. Si hoy hubiese descubierto que el libro no estaba disponible porque alguien se lo había llevado o, peor aún, si estaba disponible pero sin marcapágina alguno en su interior, iba a sentirme mal. Iba a sentirme un boludo, más precisamente. El señalador fue un regalo que Mónica me trajo de Grecia, y que me dio hace un año y un día, cuando llegué a España para quedarme. Fue un regalo originado, precisamente, por un post de este blog...
Pero, en el fondo, yo sabía que nadie iría a buscar ese libro. El señalador es mío y lo sabe. Me estaba esperando a mí.
miércoles, 11 de julio de 2007
Nieve sobre Buenos Aires (1)
Amigos mendocinos, la publicidad les quedó un poco desubicada en estos días. La nieve más cerca... acá nomás, en Buenos Aires.
jueves, 3 de mayo de 2007
La velocidad de los continentes y los chistes viejos
Acabo de ver "La era del hielo 2".
Hace unos años (no recuerdo bien hace cuántos pero, seguro, antes del estreno de esa película) caminaba por una calle de Florencio Varela junto a mi amigo Octavio. En realidad, por una vereda atestada de gente. Había que avanzar casi en fila india. Nos costó superar mucho la línea de una mujer que avanzaba muy despacio. Después, él me recordó un chiste que había visto en Mr. Bean: en una situación similar, el hombre le dice a la mujer: "Señora, ¡he visto continentes moverse más rápido que usted!".
Ahora me encuentro con una escena en la que Manny, el mamut, le habla a Diego, el tigre. Como este último caminaba muy lentamente, su amigo se da vuelta y le grita: "¡Los continentes se mueven más rápido que tú!".
En el post anterior hablaba del plagio. ¿Contar un chiste repetido, o meramente demasiado viejo, es plagio? ¿Quién es el dueño de los chistes?
Link: "Más vale nunca que tarde"
Hace unos años (no recuerdo bien hace cuántos pero, seguro, antes del estreno de esa película) caminaba por una calle de Florencio Varela junto a mi amigo Octavio. En realidad, por una vereda atestada de gente. Había que avanzar casi en fila india. Nos costó superar mucho la línea de una mujer que avanzaba muy despacio. Después, él me recordó un chiste que había visto en Mr. Bean: en una situación similar, el hombre le dice a la mujer: "Señora, ¡he visto continentes moverse más rápido que usted!".
Ahora me encuentro con una escena en la que Manny, el mamut, le habla a Diego, el tigre. Como este último caminaba muy lentamente, su amigo se da vuelta y le grita: "¡Los continentes se mueven más rápido que tú!".
En el post anterior hablaba del plagio. ¿Contar un chiste repetido, o meramente demasiado viejo, es plagio? ¿Quién es el dueño de los chistes?
Link: "Más vale nunca que tarde"
jueves, 22 de marzo de 2007
Diálogo con un niño (2)
-¿Cuando vos eras chiquito quién era el capitán de la selección?
-Maradona -dije.
-¿Y después?
-Después fue Ruggeri.
-Ah... -dijo el nene, abriendo mucho los ojos-. Ahora es un técnico.
-Maradona -dije.
-¿Y después?
-Después fue Ruggeri.
-Ah... -dijo el nene, abriendo mucho los ojos-. Ahora es un técnico.
martes, 20 de marzo de 2007
Diálogo con un niño (1)
-¿Y no viste si hay otro partido?
Yo no pude evitar reírme. El nene (del que yo sabía muy pocas cosas, entre ellas que tiene 8 años y que es hincha de Boca) lo dijo con un tono de verdadera decepción.
-No sé -dije-, pero igual yo quiero ver éste.
"Éste" era Rosario Central-San Lorenzo, el sábado pasado. Vale aclarar que ambos, él y yo, de alguna manera, teníamos los mismos derechos sobre el control remoto. Sólo que yo había llegado primero.
-Hay uno de México, creo... -agregué.
-Ah, pero de México no... Si fuera de Europa, sí, cambiábamos.
-Igual yo prefiero los partidos de acá que los de Europa.
-Pero los de allá hacen más jugadas, llegan más al arco...
-Sí, y hay mejores jugadores -sonreí-. Pero yo prefiero los de acá.
-Claro, porque son de tu país -afirmó él, serio.
-No sé si es por eso, pero prefiero los de acá.
-Ah -dijo él.
Después salió, se fue a cenar con sus padres. Yo me quedé viendo hasta el final el triunfo de San Lorenzo, que sigue puntero.
Yo no pude evitar reírme. El nene (del que yo sabía muy pocas cosas, entre ellas que tiene 8 años y que es hincha de Boca) lo dijo con un tono de verdadera decepción.
-No sé -dije-, pero igual yo quiero ver éste.
"Éste" era Rosario Central-San Lorenzo, el sábado pasado. Vale aclarar que ambos, él y yo, de alguna manera, teníamos los mismos derechos sobre el control remoto. Sólo que yo había llegado primero.
-Hay uno de México, creo... -agregué.
-Ah, pero de México no... Si fuera de Europa, sí, cambiábamos.
-Igual yo prefiero los partidos de acá que los de Europa.
-Pero los de allá hacen más jugadas, llegan más al arco...
-Sí, y hay mejores jugadores -sonreí-. Pero yo prefiero los de acá.
-Claro, porque son de tu país -afirmó él, serio.
-No sé si es por eso, pero prefiero los de acá.
-Ah -dijo él.
Después salió, se fue a cenar con sus padres. Yo me quedé viendo hasta el final el triunfo de San Lorenzo, que sigue puntero.
martes, 27 de febrero de 2007
Aniversario
Hoy se cumple exactamente un año de mi viaje a España. (Ya sé que los blogs autorreferenciales y que suenan a diario íntimo aburren... pero seré breve.) Esa experiencia me marcó y me cambió la vida. Me hizo conocer un mundo nuevo, a mí que nunca había viajado en avión. Me abrió los ojos y la mente, me hizo conocer gente, lugares, aprender y, sobre todo, tener proyectos nuevos, planes y expectativas que antes no tenía. Es increíble lo que puede significar una semana en la vida de una persona, en relación con tanto otro tiempo que pasa y pasa y que parece no servir demasiado.
En aquel momento, cuando volé por vez primera y desde el cielo nocturno me asomé y vi la gigantesca muchedumbre de luces que -tengo para mí- era Río de Janeiro, y luego enseguida amaneció mientras el avión sobrevolaba un colchón de nubes que se abrió precisamente cuando el mar le cedía su espacio a Portugal, o a una costa que yo creí Portugal, en aquel momento, digo, yo acababa de cumplir mis 28 años.
Ahora tengo 29 recién cumplidos. El sábado fue la última vez que cumplí veintipico. Eso no jode: soy muy amigo de mi edad. Y además sé que todo lo mejor está por venir. Que hay mucho futuro, y que el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo.
En aquel momento, cuando volé por vez primera y desde el cielo nocturno me asomé y vi la gigantesca muchedumbre de luces que -tengo para mí- era Río de Janeiro, y luego enseguida amaneció mientras el avión sobrevolaba un colchón de nubes que se abrió precisamente cuando el mar le cedía su espacio a Portugal, o a una costa que yo creí Portugal, en aquel momento, digo, yo acababa de cumplir mis 28 años.
Ahora tengo 29 recién cumplidos. El sábado fue la última vez que cumplí veintipico. Eso no jode: soy muy amigo de mi edad. Y además sé que todo lo mejor está por venir. Que hay mucho futuro, y que el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo.
viernes, 23 de febrero de 2007
¡Homero Simpson me mandó saludos!
No tengo dudas de que con esto soy la envidia de mis amigos. Qué digo de mis amigos, de media humanidad, más o menos. Hagan click sobre el botón play.
Cristian soy yo, Cecilia es Cecilia Ceriani, Fabricio es Fabricio Soza y Leo es Leonardo Bachanian, todos de la redacción de Clarín.com. Otro compañero, Santiago Murga, entrevistó a Humberto Vélez, el antiguo realizador de los doblajes de la voz de Homero Simpson. Y le pidió saludos para nosotros. La entrevista completa se podrá escuchar en los próximos días en Ciudad.com.
Desafío a cualquier blogger a que postee algo mejor que esto (je je).
Tag para Technorati: homero simpson
Cristian soy yo, Cecilia es Cecilia Ceriani, Fabricio es Fabricio Soza y Leo es Leonardo Bachanian, todos de la redacción de Clarín.com. Otro compañero, Santiago Murga, entrevistó a Humberto Vélez, el antiguo realizador de los doblajes de la voz de Homero Simpson. Y le pidió saludos para nosotros. La entrevista completa se podrá escuchar en los próximos días en Ciudad.com.
Desafío a cualquier blogger a que postee algo mejor que esto (je je).
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