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martes, 9 de marzo de 2010

La mejor escena de El secreto de sus ojos

Me puso muy contento, a qué negarlo, el Oscar para El secreto de sus ojos. Sobre todo por el reconocimiento para un tipo como Campanella, hacedor de productos magníficos, y por el impulso que le puede dar al cine argentino. Por eso, acá va el pequeño homenaje de este blog para la peli: una escena que seguro está entre las mejores que ha producido nuestro cine. Fue lo que más me impactó cuando la vi en el cine, de lo que más hablé después, y ahora la vuelvo a ver y me vuelve a parece fascinante. Una sola toma que comienza con una panorámica del estadio de Huracán, lo sobrevuela (con toda "la magia del fútbol" incorporada), luego va a la tribuna y se transforma en el plano subjetivo de cualquier hincha, arrastrado por la avalancha en el festejo del gol, y termina recorriendo los pasillos del Ducó en la persecución del asesino. Brillante. Me saco el sombrero.

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Por qué me llamas Calvin?

Es increíble como una frase dicha al pasar, algo que uno dice y olvida casi instantáneamente, puede convertirse en una señal, una característica, el símbolo con el que los demás te recuerden.

HACE UNOS DÍAS ESTUVE cenando con un grupo de gente con el que había coincidido en otra cena, un par de meses atrás. La charla, en su largo primer tramo, discurrió sobre cuestiones culinarias. A los españoles les gusta muchísimo, les encanta, les fascina, hablar de cocina. Pasan horas y horas hablando de cocina, de cómo se prepara esto o aquello, de dónde es más rico el jamón, del secreto para que tal o cual plato tenga ese sabor... A mí, en cambio, el tema me aburre muchísimo. No me gusta, no me interesa, sólo pienso en comida cuando me agarra hambre, y después de comer me olvido del tema hasta que vuelve a darme hambre. Por eso, en esas reuniones me paso gran parte del tiempo callado y sin participar, porque no tengo nada que decir, ni tampoco me interesa decir nada.

Eso pasó el otro día durante un rato largo. Después el tema derivó en otros, y alguien comentó que, en una fiesta en la que había estado días atrás, habían jugado a una versión virtual, youtubesca, del "dígalo con mímica" (conocido aquí como "el juego de las películas"). Consistía en lo siguiente: alguien tomaba una computadora, ponía en YouTube un fragmento de alguna película (imagen sin sonido o audio sin imagen) y los demás debían acertar de qué película se trataba. Uno de ellos se propuso para poner películas, y así lo hizo con unas cuantas, hasta que ofreció que otra persona tomara la posta. Lo hice yo. Entonces alguien me dijo:

-¿Vas a poner Regreso al futuro?

Miré sorprendidísimo. Volver al futuro es una de mis películas fetiche, soy fan de Volver al futuro, cualquier persona que me conoce un poco lo sabe, pero ellos no me conocen. ¿Cómo sabían, por qué dijeron eso?

LO PREGUNTÉ Y ALGUIEN me lo explicó. En aquella otra cena, la de dos meses antes, la conversación había versado durante largo rato sobre un viaje a Nueva York que una pareja había hecho. Y, entre otras tantas cosas, de marcas, y por algún motivo nombraron a Calvin Klein. En ese momento yo compartí uno de esos datos por lo general completamente inútiles que uno suele acumular: que en la década del 80 esa marca debía ser muy poco conocida en España, porque cuando, en Volver al futuro, Marty McFly viaja al pasado, a 1955, su madre, Lorraine, lo llama "Calvin Klein", ya que cree que él ese llama así porque eso dicen sus calzoncillos; pero en el doblaje español de la película no lo llaman con ese nombre, sino con otro, que yo no recordaba.

Yo me olvidé enseguida de lo que había dicho, pero ellos no. Ellos no guardaban ningún recuerdo de esa escena, y que les soltara esa referencia hizo que me vieran como un friki.

¿SOY UN FRIKI? NO SÉ. Pero ayer estaban poniendo Volver al futuro en Cuatro y vi por enésima vez el final. Busqué en internet y supe, otra vez, que los dobladores españoles decidieron que Lorraine llamara a Marty "Levi Strauss". Y que no hablaran de 88 millas sino de 140 kilómetros por hora. Y que Biff, en el final, cuando aparece como el tonto que le limpia el auto a George, usa un equipito de gimnasia Adidas, al contrario que el canchero de Marty, que lleva Nike (una versión ochentosa y deportiva del famoso anuncio PC vs. Mac). Y recordé que no es bueno tener mucha información sobre el futuro, pero que todos miramos al tipo o la mujer del tiempo -precisamente- para saber si conviene salir con paraguas (o con chaleco antibalas). Y que adonde vamos no necesitamos... carreteras.

viernes, 29 de mayo de 2009

Una película del diablo

Estanislao Zeballos fue para mí mucho antes una estación de tren que un caballero argentino que escribió algunas cosas y ejerció la función pública en el siglo XIX. A través de la invitación de la Casa de América para asistir a la presentación de la película El país del diablo, el martes pasado, me enteré de que había formado parte de las expediciones inmediatamente posteriores a la llamada "conquista del desierto", la campaña de genocidio planificada y llevada a cabo por Julio Argentino Roca contra las tribus autóctonas del país. Su objetivo fue trazar un mapa "científico" de los territorios que habían pertenecido al indio y que, desde entonces, en su mayoría, les pertenecen a un puñado de terratenientes.

Lamentablemente, la película -de Andrés Di Tella, que estuvo presente el martes- es malísima. Es un documental que arranca como si Di Tella se creyera Michael Moore, reclamando un exceso de protagonismo que no le cuadra, porque no tiene carisma, no resulta gracioso ni atractivo para el espectador. Hay largas escenas totalmente prescindibles (una conversación telefónica del todo intrascendente al costado de la ruta con alguien que uno no sabe quién es, hasta que Di Tella se despide y le dice "mi amor"; la llegada a los pueblos, algún otro diálogo) y, como contrapartida, escasean las explicaciones: se muestran imágenes y se menciona casi a la pasada la zanja de Alsina, ese fastuoso delirio imaginado en 1876 por el entonces ministro de Defensa de la Nación. Pasan por la pantalla valiosos documentos, como la correspondencia del cacique Calfucurá, que son manoseados impiadosamente por el director, sin ningún cuidado.

En la segunda parte de la película el director, que antes parecía afanoso en tener protagonismo, se pierde. Ya casi no se lo ve. Hay una escena tan larga como tediosa e incomprensible de un rito que realizan los actuales descendientes de los ranqueles, en tomas nocturnas que apenas se adivinan; cargan a unos perros en la caja de una camioneta y no se entiende por qué...

Y así la película se va, termina. Por fin, tiene uno la sensación. Una película puede ser muy aburrida pero estar bien. También puede ser mala pero no tan aburrida. Cuando un documental es muy pero muy malo, como este, aburre mucho aún a los más interesados en el tema, y los deja con un poco de rabia, pensando en lo bueno que se pudo hacer y en lo malo que se hizo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Caminos

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Vi la película Camino, gran ganadora en la última edición de los premios Goya. Se llevó seis estatuillas: mejor película, director, guión original, actriz principal, actor de reparto y actriz revelación. El filme cuenta una historia "inspirada en hechos reales": los de la vida de Alexia González-Barros, una chica que murió en 1985 (poco antes de cumplir 15 años) a causa de un cáncer que la hizo vivir una dura agonía de varios meses. Lo que distinguió a esta de otras historias fue que su familia era muy religiosa y formaba parte del Opus Dei, y que todos ellos vivieron esos últimos y la muerte de un modo particular: preparándose para ir al Cielo con Dios.

La web oficial de Alexia dice que ella pasó sus últimos meses "esforzándose por conservar la fortaleza, la paz y la alegría a lo largo de su dura enfermedad", y que "esto era fruto de su fe, de su esperanza y de su amor a Cristo. Luchó hasta el final porque amaba la Voluntad de Dios con toda su alma y le había dado su corazón libremente y por entero al Señor".

Hace años a mí me contaron la historia de una chica que aceptó su enfermedad y se preparó para la muerte como si fuera para un fiesta. Supongo que me hablaron de Alexia. Recuerdo que no me gustó nada, y que lo dije, y hasta el día de hoy me sigue pareciendo algo horrible, algo que no quisiera para mí ni para nadie de los que quiero. Vivir la muerte como una fiesta se parece demasiado a hacer un culto a la muerte. Y yo, de la muerte, soy enemigo.

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Como no podía ser de otro modo, la película generó polémica dentro de la Iglesia Católica y en particular dentro del Opus Dei. También se quejó la familia de Alexia. Los hermanos de ella (sus padres ya murieron) se enojaron con el director, Javier Fesser, quien no les informó sobre la realización de la película -ellos se enteraron por la prensa- y luego no accedió a su pedido de que retirara el nombre de Alexia al final de la película, cuando ésta aparece "dedicada" a ella.

La Iglesia y el Opus protestaron porque, según ellos, la película da una idea distorsionada de sus actividades. Si uno se deja llevar por el filme, en efecto le queda la sensación de que los miembros de la institución son muy malos: los curas, las monjas, la madre de la niña.

¿Hay gente así de malvada dentro de la Iglesia? Sí, seguro que la hay. ¿Hay personas que optan por vivir dentro de la Iglesia pero que a la larga son víctimas de los engaños y la opresión de sus responsables, como la hermana de la protagonista en la película? Seguramente, también.

Cuando yo formé parte, hace años, de grupos de la iglesia católica escuché decir cosas muy feas, barbaridades; yo las recibía con espíritu crítico, con ciertas ideas previas claras, con miras muy abiertas, etc., que me hacían quedarme con lo que consideraba bueno y dejar de lado lo que me parecía nocivo y perjudicial. Pero personas que recibían esos mensajes sin una base sólida sobre la cual apoyarlos terminaron sufriéndolos, en mayor o menor medida les generaron traumas que luego les costó mucho superar o que quizá no pudieron superar nunca. Y eso es terrible.

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Cada uno puede tener la opinión que quiera sobre las cosas. Está claro cuál es la opinión que Fesser quiere expresar respecto del Opus Dei. Pero la película incurre en un problema narrativo: el maniqueísmo con el que presenta a sus personajes. Según el filme, todos los miembros de la Iglesia son muy, muy malos. No tienen matices, no hay en ellos ningún buen sentimiento: todo es interés, egoísmo, maldad, proselitismo y búsqueda de solazarse en el dolor. Y los personajes con los que hace que el espectador se encariñe son las víctimas de esa mala fe: Camino (así se llama la protagonista), su hermana, su padre, el chico que le gusta. En ellos no hay ningún rasgo malo: ningún gesto, nada, todo (salvo la ligera rebeldía esbozada por la protagonista) es sumisión y sufrimiento.

Y eso le quita fuerza a la película como película. Hasta para los que somos agnósticos y tenemos muchas críticas y objeciones para con la iglesia y sus actos, los retratos que en Camino se hacen de sus miembros resultan exagerados. Sería mucho mejor si uno pudiera reconocer en la historia no a personajes malvados de cuentos de hadas -como las hermanas de Cenicienta, que aparecen en la trama como si la película se parodiara a sí misma- sino a los malos de carne y hueso, esos de los que la gente ve todos los días en la vida real, en la televisión, en los diarios, en la Iglesia, en la casa de al lado o al mirarse al espejo.

En general, la gente no es tan buena ni tan mala, así como ni en la iglesia ni en la mayoría de las agrupaciones que los seres humanos organizamos todo el mundo tiene opiniones tan fuertes, tan monolíticas y tan atroces como la película muestra. Al menos eso es lo que me dictan el diablito y el angelito de mi experiencia, hablándome al oído, cada uno parado sobre uno de mis hombros.

martes, 21 de abril de 2009

Welcome to Rockyland

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Hace un par de años, cuando se estrenaba Rocky Balboa -también conocida como Rocky VI- unos compañeros de trabajo -más o menos de mi misma edad- la fueron a ver al cine. "Sabemos que va a ser mala, pero ¿cómo no ir a verla? ¡Es Rocky!". Yo pensaba un poco como ellos: es Rocky... pero no me motivaba lo suficiente como para ir al cine. Quizá era miedo a desilusionarme demasiado. Tal vez simple desidia. No lo sé.

Hace unos meses vi John Rambo, también conocida como Rambo IV. Y me pareció realmente muy mala. Pero muy. No sólo innecesaria, sino también mal hecha, cortita, sin sentido. Hecha como cuando te obligan a hacer algo y lo hacés sin ganas, así nomás, sin que te importe el resultado. Aunque hay un detalle: el final de la peli, que se parece al comienzo de la primera y, se ve, tiene el objetivo de cerrar la historia.

Lo comenté con mi hermano, y él me dijo: "Rocky VI a las Rocky es más mala que Rambo IV a las Rambo". Mierda, entonces tenía que ser mala en serio.

Pero es Rocky, como habían dicho mis compañeros, y había que verla. Y la vi hace unos días.

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Me sentí como si de nuevo tuviera doce años. Vi las primeras cuatro películas cuando era chico, en los 80, y veía y sufría cada una como si fuera la realidad, como sólo se viven las cosas en esa época, como si a Stallone le doliera cada golpe que Rocky recibía. Es más: como si Stallone no existiera y la única realidad fuera Rocky. Y ese tipo medio bruto, pobre y humilde que consigue todo a base de esfuerzo y aguante se convirtió en un verdadero ídolo para mí, y junto conmigo para tantos de mi generación. Rocky es una de las más grandes historias de nuestros tiempos.

Por supuesto: en aquellos años no tenía la menor idea sobre cuestiones políticas, la burda propaganda yanqui de Rocky IV ganándole al ruso en Moscú el día de navidad, etc., etc. Era Rocky, el ídolo, y nada más.

El ídolo que luego se dedicaba a entrenar a otro en la quinta parte, un Rocky que ya no pelea, una peli que tiene emoción pero que no es nada comparable a las otras. Y esa la vi ya de adolescente, tendría 14 ó 15 años, fue distinto, fue otra cosa.

Y Rocky VI también fue otra cosa.

[Antes de seguir leyendo, recomiendo darle al play:]


Upload Music


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Porque el poco boxeo que consumí por TV fue en esa época, cuando fui un poco mayor, en los 90, y ese boxeo ya no tenía nada que ver con las peleas de Rocky. No sólo porque dejó de haber carnicerías sobre los rings, sino porque además comenzaron a escasear los ídolos, los grandes luchadores, y ya no hubo chicas que pasaran medio desnudas con el cartel del número de round, y el negocio fue absorbiendo los pocos resquicios que le quedaban por llenar. Y como igual somos así de tercos y buscamos lo que ya no hay donde sabemos que ya no hay, seguimos viendo boxeo, y el show que arman los yanquis, y el presentador que estira las vocales al decir los nombres de los púgiles, y las transmisiones de HBO...

Y de pronto el boxeador retirado que quiere su capítulo final. Como si entendiera que Rocky debe irse peleando, como un grande, no entrenando a otro, no pegándole a un tránsfuga en la calle. Porque nada se acaba hasta que se acaba. Y Stallone, como hizo con Rambo, quiere dar señales de cierre de historia. Rocky adopta un perro, recuerda a los muertos de la saga, entrena pegándoles a reses en el frigorífico, sube corriendo las míticas escalinatas de Filadelfia...

Y entonces todo se suma y se consuma: el show del box moderno con Rocky, con una pelea de Rocky, la imagen de cualquier pelea de hoy en día con el sonido de la campana que da comienzo a "Going the Distance", una de las canciones más emblemáticas de la extraordinaria banda sonora de la saga. Y el relator que dice "yo era fan de Rocky Balboa cuando era niño, no puedo creer que esté a punto de comentar una pelea suya", y todos sentimos lo mismo.

La pelea no es creíble, claro, pero nada es creíble, y a la vez todo lo es. Porque es Rocky, y aguanta como todos queremos aguantar todos los golpes de la vida, y luego contragolpear, aunque nadie crea en nosotros, empezar a tirar manos, una atrás de la otra, y demostrar lo que valemos, que los fanfarrones y los cancheros retrocedan y dejen la sonrisa socarrona para decir "mierda, éste también pega", y que el público se enardezca, y que uno de los relatores, sorprendido, confuso, excitado, exclame: "Welcome to Rockyland!". Bienvenidos a Rockylandia.

Para dejarse llevar a Rockylandia es fundamental hacer ya no sólo una suspensión de la incredulidad, como pedía Coleridge, sino también de la intelectualidad. Para películas sesudas y que te dejan pensando, agarrá otros títulos. Pero si fuiste niño en los 80 y creciste viendo cómo se pegaba con Apollo, con Mr. T, con Ivan Drago, y cómo resurgía de las cenizas, y cómo los humildes les pueden ganar a los prepotentes y engreídos, si soñaste con formar parte de ese público enfervorizado que grita "¡Rocky, Rocky!", si viviste todo eso y hoy querés sentirte más o menos igual, con las lágrimas en los ojos, mirá Rocky VI. En Rockylandia siempre se puede volver a ser un niño y a tener ídolos invencibles.


miércoles, 15 de abril de 2009

Una lista desordenada e incompleta de momentos emotivos y brillantes

Últimamente esto del Facebook me hizo (creo que al igual que a mucha gente) pensar en algunas cuestiones, en particular esos tests y esas elecciones de "tus 5 equipos preferidos", "tus 5 jugadores", "tus 5 escritores", etc. Y la verdad que no soy una persona de hacerme listas ni ránkings personales. El otro día vi que alguien eligió sus 5 películas preferidas, y me puse a pensar qué pelis pondría yo. Y descubrí que no lo tengo claro.

Porque sí tengo claro que no pondría las películas que me parecen las mejores, sino las películas más significativas para mí. Se trata de eso: de una lista personal.

Anoche chateaba con el Fantasma de Belgrano (que fue tan amable de citarme en su concurrido blog) y hablábamos de este tema y le dije que, sin ninguna duda, Volver al futuro estaría en mi lista. Y se me ocurrió un listado desordenado e incompleto de momentos emotivos y brillantes -para mí, quizá sólo para mí- de historias de películas (y alguna serie metida por ahí). El listado fue el siguiente:

1) Cuando aparece el tipo del correo al final de Volver al futuro II y le da a Marty una carta que lo había estado esperando durante 70 años.

2) El final de la saga de Macross en Robotech (capítulo 36).

3) El final de Casablanca.

4) Cuando Renée Zellweger le dice a Tom Cruise: "me bastó con el hola" en Jerry Maguire.

5) El niño gritando "un carruomato vero" en La vida es bella.

6) Los primeros 25 minutos de Rescatando al soldado Ryan.

7) Cuando Forrest Gump le dice a su chica: "No soy muy inteligente, pero sé lo que es el amor".

8) Cuando Jigsaw se levanta al final de El juego del miedo 1.

9) El final de El cadáver de la novia.

10) Cuando pasan la película que filma Boris Karloff con Ed Wood en Ed Wood.

Seguro que después me acuerdo de más. Cuando me acuerde, los publico.

martes, 3 de marzo de 2009

Benjamin Button

Allá donde esté, Francis Scott Fitzgerald debe estar muy feliz con la película El curioso caso de Benjamin Button, aunque la trama del filme no tenga mucho que ver con la de su cuento y esta "versión libre" mantenga apenas la idea de un hombre cuya vida transcurre hacia atrás.

Si las películas basadas en una obra literaria suelen decepcionar un poco a quien la ha leído, en este caso es todo lo contrario. Al menos es lo que me ocurrió a mí. Leí el cuento hace algunos días; está publicado en internet (aquí) y, como no es demasiado largo, se lo puede leer sin problemas. Me gustó mucho. Pero claro, por estilo y estructura, era evidente que no se podía hacer una película basada totalmente en ese relato. La historia que narra la película está inspirada en el personaje del cuento y retoma algunas características de su vida, pero la película va mucho más allá. Y por eso se transforma en inolvidable.

Escribió el bueno de Scott: "Me inspiró el cuento un comentario de Mark Twain: era una lástima que el mejor tramo de nuestra vida estuviera al principio y el peor al final. He intentado demostrar su tesis, haciendo un experimento con un hombre inserto en un ambiente absolutamente normal. Semanas después de terminar el relato, descubrí un argumento casi idéntico en los cuadernos de Samuel Butler".

No leí los cuadernos de Samuel Butler, pero sí sabía de una idea parecida que circula por ahí bajo el título de "La vida según Quino". No está mal:

«Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niño o una niña que se la pasa jugando sin responsabiliddes de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!»

martes, 14 de octubre de 2008

Sobre el tejado

Ayer estuve en el Centro de Arte Moderno, una galería de arte-librería que llevan dos argentinos que viven aquí en Madrid. Comenzaba un ciclo de cine sobre Paul Newman, y la primera película fue La gata sobre el tejado de zinc. El ciclo, motivado por la muerte del mítico actor y por el 50º aniversario del estreno de esta película (dirigida por Richard Brooks), también incluye La cortina rasgada (de Hitchcock) y El color del dinero (de Scorcorsese). Lo bueno es que la entrada a la proyección es "gratis hasta completar aforo", es decir, para las primeras 25 personas que se acercan al lugar.

Que lo bueno era eso es un modo de decir, por supuesto, porque lo realmente bueno es la película. Yo no la había visto, y lo cierto es que está al nivel de su fama. Es espectacular. Y además creo que fue la primera vez que vi una película antigua proyectada en "pantalla grande": es cierto que no era un cine sino un proyector emitiendo sobre una pared blanca, pero tiene su encanto...

martes, 30 de septiembre de 2008

Una palabra tuya

Fui al cine a ver una película española llamada Una palabra tuya, que está cosechando muy buenas críticas. Y la verdad es que es muy buena. Me la habían definido como "muy triste", y ciertamente es triste, pero no desgarradora, no tiene golpes bajos, no trata del sufrimiento atroz causado por enfermedades o muertes, sino la tristeza simple de vidas simples y tristes. Parece tautonómico o una perogrullada, pero supongo que entenderán lo que quiero decir.

Las protagonistas son dos amigas, Remedios (Malena Alterio, hija de Héctor y casi desconocida en la Argentina) y Milagros, que tienen vidas difíciles, sufridas, y que hacen lo que pueden, lo que les sale, como todos, para vivirlas lo mejor posible. O no. Pero ahí van, con sus luchas y sus esfuerzos...

La película es muy madrileña, por cómo muestra sus personalidades, algunas calles, algunas caras. Pero eso es un detalle. La historia es muy emotiva y está muy bien interpretada, y eso la hace, como a todas las buenas historias, universal.

jueves, 3 de mayo de 2007

La velocidad de los continentes y los chistes viejos

Acabo de ver "La era del hielo 2".

Hace unos años (no recuerdo bien hace cuántos pero, seguro, antes del estreno de esa película) caminaba por una calle de Florencio Varela junto a mi amigo Octavio. En realidad, por una vereda atestada de gente. Había que avanzar casi en fila india. Nos costó superar mucho la línea de una mujer que avanzaba muy despacio. Después, él me recordó un chiste que había visto en Mr. Bean: en una situación similar, el hombre le dice a la mujer: "Señora, ¡he visto continentes moverse más rápido que usted!".

Ahora me encuentro con una escena en la que Manny, el mamut, le habla a Diego, el tigre. Como este último caminaba muy lentamente, su amigo se da vuelta y le grita: "¡Los continentes se mueven más rápido que tú!".

En el post anterior hablaba del plagio. ¿Contar un chiste repetido, o meramente demasiado viejo, es plagio? ¿Quién es el dueño de los chistes?

Más allá de eso, la película es muy entretenida.

Link: "Más vale nunca que tarde"

miércoles, 28 de febrero de 2007

La dulzura del cadáver de una novia

Hoy vi El cadáver de la novia. ¿Qué hace extraordinaria a esta película? Que en 75 minutos puede cuenta una historia de amor completa. Que a pesar de tomar los tópicos clásicos de las historias de amor, las reconvierte en la originalísima versión de un hombre vivo que se casa con una novia muerta, de la que después se enamora, o algo parecido. Que la banda de sonido es bellísima, tanto como para que un tipo a quien no le gustan los musicales esté deseando todo el tiempo que haya otra canción, otra canción. Que la palabra clave para retornar del mundo de los vivos al de los muertos sea "Hopscotch", que significa "Rayuela", tal como todos lo aprendemos leyendo el cuento "Botella al mar", de Cortázar. Y el humor que la película desprende con cuentagotas: el viejo del mundo de los muertos que dice "¿cómo que te querés ir, si la gente muere por venir aquí?".


No soy crítico de cine, y encima veo tarde muchas películas. Si no, fíjense: acaban de entregar los Oscar y yo hablando de una película de hace dos años. Pero pasa que cada tanto veo una película que me emociona, me fascina, me desarma y me vuelve a armar. Será que ando un poco sensible.

domingo, 21 de enero de 2007

Queremos tanto al Gordo

Estoy trabajando en una nota sobre Osvaldo Soriano, de cuya muerte se cumplirán 10 años el próximo lunes 29. El artículo será una mezcla de perfil con opiniones sobre el legado del Gordo en la literatura argentina. Buscando información, descubrí que en Google Video se puede ver completo el documental Soriano, realizado por Eduardo Montes-Bradley (el mismo que ahora generó polémica con No a los papelones). Dura 73 minutos.

En el portal de videos de Google -el original, antes de que los muchachos compraran YouTube- también se pueden ver documentales enteros dedicados a otros escritores, como Sergio Bizzio, Daniel Guebel y Alan Pauls. Es una excelente oportunidad para acceder a un material al que a veces es difícil llegar por las vías tradicionales (cine, televisión, videoclub, etc.).

Bonus track: ya que hablamos de YouTube, miren esta pifia garrafal. El actor Pepe Soriano habla sobre las Madres de Plaza de Mayo, pero su realizador -en un trabajo para Tea Imagen y Radio Tea, como él mismo explica- le cambió el nombre por el del querido Gordo...

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miércoles, 8 de noviembre de 2006

"Mañana hay reclutamiento"

Vi la película Voces inocentes, una película de Luis Mandoki (México, 2004). Cuenta la historia de un niño y su familia en medio de la guerra civil salvadoreña, que costó la vida de 75.000 personas en los 12 años que duró.

Es muy duro verla, porque muestra de un modo directo la atrocidad de la guerra. Pero me quedo con un detalle. La familia protagonista del filme vive en un pueblo que está en un territorio que se disputan el ejército y las guerrillas. El ejército recluta -por la fuerza, claro- a los niños cuando cumplen 12 años. En un momento, para evitarlo, un espía avisa que al día siguiente se realizará un "rastrillaje". Para evitarlo, un grupo de personas se dedica a anotar en papeles, con letra manuscrita, sin más tecnología que un lápiz, el siguiente mensaje: "Mañana hay reclutamiento". Luego los distribuyen en todas las casas. Así, evitan que las tropas se lleven a sus niños.

Me recordó varias cosas (quizá lo más simpático, los pasquines que aparecen en Macondo en La mala hora), pero sobre todo una:

las notas que escribía Rodolfo Walsh ya en la dictadura, papeles mimeografiados con información acerca de lo que pasaba. Lo que no aparecía en los diarios ni en ningún otro medio. Y cerraba pidiendo (cito de memoria, o mejor dicho: escribo otro mensaje pero que diga lo mismo que aquel): "Copie este papel, reprodúzcalo, a mano, en focopias, como sea. Hágalo circular, que sus conocidos lo lean", y luego (y esto sí es tal cual): "Difunda esta información. Sienta la satisfacción moral de un acto de libertad".

Nada más que eso me quedo preguntándome. Y qué uso le damos nosotros hoy a nuestra libertad y a nuestra disponibilidad de medios. Blogs, e-mail, mensajes de texto, teléfonos celulares, fotos digitales, videos... Se los usan como herramientas positivas, pero a la vez el mundo nunca estuvo peor que ahora. Y sin embargo, siempre hoy estamos mejor que mañana. El mundo se derrumba; si al menos -como les pasaba a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman cuando se decían estas cosas- nos enamoráramos...



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