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Hace algunos meses entrevisté en Madrid al escritor argentino Patricio Pron. Es rosarino, tiene 34 años y en 2008 publicó El comienzo de la primavera, novela ganadora del Premio Jaén, publicada por Mondadori y considerada una de las mejores del año.
El acento argentino de Patricio Pron se quedó extraviado en algún lugar de Alemania. Luego de vivir durante casi ocho años en ese país, donde trabajó como asistente en la Universidad de Göttingen y elaboró su tesis doctoral sobre la obra de Copi, este rosarino habla hoy con una entonación y una pronunciación raras, un castellano difícil de atribuir a alguna región del mundo en particular.El castellano, precisamente, volvió a ser el idioma de sus charlas casuales, de cuando baja a comprar el pan, de las indicaciones en la vía pública, en enero del año pasado, cuando decidió terminar su ciclo alemán y mudarse a Madrid. Y debieron pasar pocos meses para que se insertara, casi de golpe, en el universo literario español. Eso ocurrió con El comienzo de la primavera, obra ganadora del Premio Jaén 2008 y considerada una de las mejores novelas del año por el jurado del Premio Lara.
La excelente recepción del libro por parte de la crítica y los lectores se expresa en el fragmento de una carta publicada meses atrás en la Revista Eñe. Escribe Mónica Carmona, editora de Mondadori: «Empecé a leer El comienzo... con la misma esperanza tragicómica que tenemos siempre los editores: encontrar una novela que desprenda luz propia [...] Convencida de que tenía entre manos una novela sólida, terminé la lectura y pensé que se debía publicar; insisto, se debía publicar». Y así lo hizo.
En la columna lateral de este blog sigue figurando -y me genera una sensación rara, un malestar, tener que quitarlo- el enlace con el blog de Gabriel Báñez. Su última entrada se tituló "Gracias por escribir, Peña": hablaba de la muerte de Fernando Peña. Seguramente la idea de quitarse la vida ya rondaba la cabeza del escritor platense, y quizás ese post fue un modo oblicuo de decir adiós. Somos nosotros los que le decimos gracias por escribir, gracias por haber escrito.
Hoy se cumplen 64 años de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima. El hecho, que derivó en el final de la Segunda Guerra Mundial, marcó indefectiblemente un antes y un después en la historia de la humanidad. En aquel momento, esta ciudad japonesa tenía 320 mil habitantes; 80 mil de ellos murieron en la fracción de segundo posterior a la detonación, y decenas de miles sufrieron -y siguen sufriendo- las heridas y las consecuencias radiactivas.