jueves, 16 de noviembre de 2006

La competición

Al señor Valéry no le gustaba competir.
Solía decir, al respecto de cualquier competición, que todas las clasificaciones eran malas del primer al último puesto.
Y se preguntaba:

—¿Ganar a los demás para qué? ¿Perder frente a los demás por qué?
—Prefiero ser viceúltimo o subúltimo —apostillaba con ironía.

Y explicaba:

—Sólo existe justicia en una competición si todos parten de condiciones iguales. Pero no existe, sabido es. Y si todos fuesen iguales, ¿cómo podría quedar uno por delante de otro? En una competición las personas siempre acaban como habían empezado —concluía el señor Valéry.

Y el señor Valéry añadía:

—A mí lo que me gustaría sería ver una carrera de cien metros en la que cada pista terminase en un punto distinto.
—Imaginad cuatro pistas de cien metros que fuesen así… (y dibujaba)



—De este modo —proseguía el señor Valéry—, al acabar la competición, cada atleta comprendería mejor qué le esperaba al día siguiente. Aunque ganara la competición, acabaría la carrera solo, lo que en sí es una pequeña lección de vida.

Y tras esta afirmación algo ambigua, el señor Valéry retomó su paseo diario, el cuerpo ligeramente encorvado, el sombrero calado hasta las orejas, y solo, completamente solo, como siempre.

(El señor Valéry, pp. 63-64.)

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Designios

En la estación de Sèvres-Babylone vi una extraña pintada: "Dios quiso desigualdades, no injusticias", decía la inscripción. Me pregunté quién sería esa persona tan bien informada de los designios de Dios.

(Michell Houellebecq. Ampliación del campo de batalla. Anagrama, Barcelona, 2001, p. 35.)

lunes, 13 de noviembre de 2006

Teína 13: un salón de té que invita a leer

Revista Teína es una publicación digital que acaba de poner online su número 13. Se realiza hace 4 años y tuvo su origen en España, donde un grupo de argentinos y españoles tuvo la idea de lanzarse al ciberespacio con un producto que no sirva para generar dinero pero sí para darse el gusto de escribir lo que quisieran.

Y así es que viene saliendo esta revista trimestral, cuyos realizadores tuvieron hace algunos meses el dudoso tino de invitarme a formar parte de su staff.

El N° 13 tiene como tema central la educación, y a ese tema le dedica el dossier. Incluye, por ejemplo, una entrevistas a Fernando Savater. Por otro lado, Babelia -el suplemento de cultura del diario El País, de Madrid- recomendó en su edición del último sábado una entrevista al escritor Rafael Reig, que salió en la edición anterior de Teína.

Para esta edición -que abarca los últimos dos meses de 2006 y el primero del 2007 que se aproxima- las dos entrevistas de la sección "Tintalabios" fueron realizadas por mí. Una de ellas, la entrevista a Alberto Laiseca de la que alguna vez hablé ya en el blog. La otra, una nuevita y especial para Teína al escritor Sergio Bizzio.

Por supuesto, las recomiendo. O por lo menos les pido que las lean. Todo comentario o crítica, lo pueden hacer aquí.

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miércoles, 8 de noviembre de 2006

Título

Después de que publiqué hoy esta nota, alguien me envió el siguiente mensaje:

Ahora dicen que Barcelona no va a salir más porque no se puede superar al original

"Mañana hay reclutamiento"

Vi la película Voces inocentes, una película de Luis Mandoki (México, 2004). Cuenta la historia de un niño y su familia en medio de la guerra civil salvadoreña, que costó la vida de 75.000 personas en los 12 años que duró.

Es muy duro verla, porque muestra de un modo directo la atrocidad de la guerra. Pero me quedo con un detalle. La familia protagonista del filme vive en un pueblo que está en un territorio que se disputan el ejército y las guerrillas. El ejército recluta -por la fuerza, claro- a los niños cuando cumplen 12 años. En un momento, para evitarlo, un espía avisa que al día siguiente se realizará un "rastrillaje". Para evitarlo, un grupo de personas se dedica a anotar en papeles, con letra manuscrita, sin más tecnología que un lápiz, el siguiente mensaje: "Mañana hay reclutamiento". Luego los distribuyen en todas las casas. Así, evitan que las tropas se lleven a sus niños.

Me recordó varias cosas (quizá lo más simpático, los pasquines que aparecen en Macondo en La mala hora), pero sobre todo una:

las notas que escribía Rodolfo Walsh ya en la dictadura, papeles mimeografiados con información acerca de lo que pasaba. Lo que no aparecía en los diarios ni en ningún otro medio. Y cerraba pidiendo (cito de memoria, o mejor dicho: escribo otro mensaje pero que diga lo mismo que aquel): "Copie este papel, reprodúzcalo, a mano, en focopias, como sea. Hágalo circular, que sus conocidos lo lean", y luego (y esto sí es tal cual): "Difunda esta información. Sienta la satisfacción moral de un acto de libertad".

Nada más que eso me quedo preguntándome. Y qué uso le damos nosotros hoy a nuestra libertad y a nuestra disponibilidad de medios. Blogs, e-mail, mensajes de texto, teléfonos celulares, fotos digitales, videos... Se los usan como herramientas positivas, pero a la vez el mundo nunca estuvo peor que ahora. Y sin embargo, siempre hoy estamos mejor que mañana. El mundo se derrumba; si al menos -como les pasaba a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman cuando se decían estas cosas- nos enamoráramos...



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martes, 7 de noviembre de 2006

El clavo

El señor Valéry conocía a personas arrogantes, y no le gustaban.

Para el señor Valéry, arrogante era la persona que se creía mejor que su tarea, ya se tratara de servir mesas, escribir o pintar un cuadro.
El señor Valéry explicaba:

—Conozco a personas que van por la calle como si hicieran un favor al acto de caminar. Es peligroso creernos mayores que nuestra tarea —explicaba el señor Valéry.
—Si nuestra tarea consiste en fijar un clavo en la pared… (y dibujaba)




—… y nos creemos más inteligentes que esa tarea, corremos el riesgo de fallar el golpe y dar de lleno en nuestro propio dedo.
—Pero tampoco podemos considerarnos menos inteligentes que nuestra tarea, pues por inhibición corremos el riesgo de fallar de nuevo, y así volver a dar de lleno en nuestro propio dedo.
—Por eso —concluía el señor Valéry—, yo me considero, en cualquier situación, al mismo nivel que la tarea. Ni soy su jefe, ni su empleado. Mi tarea y yo somos dos cosas con igual inteligencia que en un momento dado comparten destino. Y nada más.

El señor Valéry, tras esta disertación filosófica, se quedó sin aliento de tan feliz que estaba.


(El señor Valéry, pp. 61-62)



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lunes, 6 de noviembre de 2006

El señor Valéry, fragmentos de literatura portuguesa

Me prestaron el libro El señor Valéry (Mondadori, 2006), del escritor angoleño radicado en Portugal Gonçalo M. Tavares. Es una colección de textos muy breves, protagonizados por el señor Valéry, un sujeto extraño que reflexiona mucho sobre las cosas. “Un poeta del razonamiento que nos hace reír y enternecernos”, lo define la siempre generosa contratapa. El libro tiene apenas ochenta y tantas páginas y en la Argentina no se lo consigue. Transcribiré en sucesivos posts algunos de los, a mi criterio, mejores capítulos.


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viernes, 3 de noviembre de 2006

Cómo me cuesta actualizar el blog

(Nota casi personal, de esas que odian los que odian los blogs que funcionan como diarios personales.)

Me anda costando mucho subir cosas al blog. Creo que no hay día que no se me ocurra algo para publicar, pero a la vez no tengo el tiempo/la voluntad de sentarme a hacerlo. Es un problema. Estuvo mucho tiempo arriba de todo mi comentario sobre el partido de Gimnasia, que ha merecido varias críticas, y aquí estoy de nuevo.

En una época, el 1 de cada mes informaba en una entrada el número de visitas que había tenido el blog, cómo había crecido... pero si no publico nada, la cosa se viene abajo. Trataré de postear más seguido. Así que aquí estaremos.