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viernes, 10 de abril de 2009

Colgados de la campana

Lo que quiere hacer el gobierno argentino es una barbaridad, se lo mire por donde se lo mire: obligar a que sus gobernadores e intendentes se presenten como cabezas de listas para puestos legislativos que jamás llegarán a asumir.

¿Es que nos toman a todos por idiotas? ¿O es que saben que no somos todos idiotas e igual les importa un carajo?

La frase que resume el grado de obsecuencia y sumisión de estos dirigentes es la de Daniel Di Sabatino, intendente de San Vicente: "Si es necesario ser portero de escuela, vamos a salir colgados de la campana". ¿Esto es lo que quieren los vecinos de San Vicente de su mandatario? Se les pide una inmoralidad, un mamarracho, una desfachatez, una falta de respeto contra los ciudadanos, una estafa, un atentado contra la constitución, contra el sentido de las elecciones y de la democracia. Y ellos orgullosos de obedecer. Obediencia debida.

¿Es que nada importa? ¿Todo vale? ¿Se puede hacer cualquier cosa con tal de ganar? Después en el fútbol nos indignamos porque los alcanzapelotas desaparecen y los balones no regresan al campo cuando el equipo local va ganando. ¿Qué se puede esperar de un país cuyos máximos dirigentes son tahúres?

Estoy indignadísimo.

jueves, 5 de marzo de 2009

"No, yo soy de ellos", o Usos y desusos del saludo

1

El saludo es una convención, eso está claro. Dicen que todavía los hombres nos seguimos estrechando la derecha (chocando los cinco, en versión piola argentina pasada de moda) porque antiguamente así se demostraban los varones al encontrarse que no portaban armas, es decir, que llegaban en son de paz. Pero no deja de ser un caso de análisis el hecho de a quiénes saludamos y a quiénes no.

El saber popular dice que "el saludo no se le niega a nadie", al igual que un vaso de agua y algunas mujeres, y que uno de los mayores gestos de desprecio contra alguien es "retirarle el saludo". Sin embargo, recuerdo una conversación con un grupo de amigos, hace varios años, en la que surgió el tema del saludo. ¿Por qué, por ejemplo, en la Argentina no saludamos al chofer del colectivo antes de informarle el valor del boleto que queremos sacar? ¿Por qué tampoco le decimos hola al empleado de una tienda cuando entramos a mirar? En Madrid, a pesar de que la gente es más seca, sí existe la costumbre de saludar en casos así.

En aquella conversación con amigos yo mencioné a alguien, un conocido común mío y de mi amigo Octavio, uno de mis interlocutores. Dije: "Fulano es alguien que siempre saluda al chofer del colectivo". Octavio me respondió: "Lo de Fulano es exagerado. Yo lo vi quedarse hablando diez minutos con el colectivero..."

¿Cuándo se empieza a saludar al vecino a quien se ve todos los días en la puerta de su casa cuando uno va a trabajar? ¿Y al guardia del metro, que está todos los días muerto de aburrimiento en la estación y que incluso nos cruzamos a veces en el bar del barrio? ¿Corresponde dejar de saludar a la vieja de abajo que nos acusa, injustamente, de hacer ruidos molestos excesivos (como aquel Mr. Heckles de la primera temporada de Friends)?

2

Lo que me motiva a preguntarme todo esto fue algo que presencié ayer.

Llegamos a la canchita donde jugamos al fóbal. Estaba jugando todavía el grupo anterior, y el único que estaba sentado fuera del campo era un muchacho gordito, todavía sudado, con pinta de haber salido recién. Como yo y los chicos que venían conmigo fuimos los primeros en llegar, lo identificamos como "del grupo anterior".

Enseguida llegó más gente, gente que no conocía a todos los que estábamos allí. Nos fueron saludando uno a uno, uno de ellos diciendo su nombre a modo de presentación, hasta que llegaron, siguiendo la hilera de personas, hasta donde estaba el gordito del grupo anterior. Entonces, cuando uno de ellos le extendió la mano, el otro le respondió: "No, yo soy de ellos", y señaló a los que aún corrían detrás del cuero viejo (como diría mi madre). Y la mano derecha de quien la había estirado quedó flotando en el aire una fracción de segundo, hasta que su dueño la retrajo.

¿Por qué negar el saludo así, de un modo tan cortante? ¿Qué diferencia hay entre la relación entre esas dos personas y, por ejemplo, la mía con ese chico que me saludó y me dijo su nombre para que yo lo olvidara casi de inmediato y a quien tal vez hoy podría cruzarme por la calle y no reconocerlo?

Y sin embargo, en ese momento no pareció algo raro. Pasó, simplemente, como algo que tenía que pasar. Como subirse al colectivo y decirle al chofer, sin mirarlo y casi con desdén: "uno treinta y cinco".

miércoles, 4 de marzo de 2009

América

Odio que llamen América a Estados Unidos. Es decir, que se usen ambas expresiones como sinónimos, cuando no lo son.

Los estadounidenses se creen que sólo ellos son América, y de hecho así llaman a su país. Pero América es un continente que incluye a otros 31 estados independientes (al menos en teoría), cuyos habitantes son tan americanos como los de EE. UU. Y me jode muchísimo que se use el gentilicio americano para referirse a los estadounidenses.

Y me jode aún más cuando quienes lo hacen son españoles, que fueron los "dueños" de gran parte de América durante siglos; gran parte de América que no incluía esa parte que hoy es la única que ellos llaman, precisamente, América. Y la mayoría de los españoles lo hace...

Y me duele que me inviten a una causa en Facebook que haga referencia a este asunto, que se titula "América es un continente, no un país"... pero en inglés: "America is a continent, not a single country". Bueno, creo que se debe a que fue creado por dos estadounidenses, precisamente. Pero, en fin, quizá sirva para algo. Con que alguna persona que nunca había pensado en el tema vea esa causa y lo medite durante unos segundos, creo que algún sentido tiene.

Me recuerda aquel lamento de Cortázar por que el éxito mundial de los autores latinoamericanos en la década del 60 fuera denominado con una palabra inglesa: boom...

lunes, 29 de diciembre de 2008

Pregunta

Muchos días sin postear nada. Hace calor y no paso mucho tiempo sentado frente a la computadora. Pero hace un rato escribí algo para el Chancho. Una pregunta: ¿Qué nombre le pondrías a tu calle, si pudieras hacerlo? Está acá.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Demoras

Un nuevo post, una nueva pregunta que me hago y que no me sé responder, en el blog Teoría del Chancho: ¿Qué significa exactamente que nos avisen que los trenes de un ramal ferroviario circulan con 25 minutos de demora?


Todos mis posts en Teoría del Chancho:

Demoras de 25 minutos
Las canciones de nuestras vidas
Parecidos dolorosos
Mire atrás al bajar
Vidrios espejados
... y también están la mentira y "la mentira"

lunes, 18 de junio de 2007

No es lo mismo

1. No soy kirchnerista.

2. Que gane Macri es lo peor que le puede pasar a la ciudad de Buenos Aires. Cuando hablo de la ciudad incluyo a sus alrededores, el conurbano, todos los que no votamos en esta elección pero que dependemos económicamente en gran medida de lo que deciden las autoridades de la ciudad autónoma.

3. Como dijo Podetti: es verdad, peor sería que ganara Hitler. Pero bueno, supongo que ese consuelo no sirve para mucho más que para un chiste.

4. "Espíritu crítico": esa búsqueda es lo que lleva a muchas personas, a veces sin darse cuenta, a estar en contra de todo. O casi. Y entonces somos tan críticos que todo está tan mal que miramos todo desde el otro lado de la raya, y los que no están conmigo están contra mí, y Kirchner, Menem, De la Rúa y Alfonsín son todo(s) lo mismo. Son todos iguales. Votá en blanco, total nada cambia. ¿Son todo lo mismo? ¿El tan mentado espíritu crítico no permite encontrar matices, diferencias?

5. Tendemos a irnos a los extremos. Hace poco, en un debate que tuve con unos amigos vía mail, osé decir algo a favor de Fidel Castro. Comencé aclarando que no soy castrista, pero que me parece menos malo el sistema que Castro aplica sobre Cuba que el que Estados Unidos aplica sobre el mundo. A poco de iniciada la discusión, ya era blanco de burlas acerca de mi supuesta filiación al comunismo, que debía andar con la hoz y el martillo en el pecho y llamando tovarich a todo el mundo.

6. Repito: no soy kirchnerista, pero me parece que hay que hacer todo lo posible para que Macri no gane. Votar en blanco me parece no tener espíritu crítico para analizar qué es preferible, o al menos qué es menos peor. Es convertirse en espectador.

7. Alguien puede alegar motivos hasta morales. "No puedo votar a Filmus por razones de conciencia". Puede ser, obviamente nadie puede objetar esa postura. Pero ¿qué hubiera pasado si en 2003 todos hubieran dicho lo mismo luego de la elección presidencial? Quizás Menem sería hoy presidente.

8. Alguien puede pensar que Menem y Kirchner son lo mismo. En tal caso, retroceda cuatro casilleros y relea el punto 4.

9. Viajo de forma pésima e insoportable cada día de mi vida. Escucho cada noche pasar por la puerta de mi casa los carritos de los cartoneros que vuelven de la capital con los desechos que juntan para cambiarlos algo de dinero. No sé si esas cosas, como tantas otras, podrán mejorar con una gestión de Filmus. Es más, me parece poco probable. Con Macri, es directamente imposible. No sólo no mejorarán, sino que empeorarán. Para Macri, los cartoneros son ladrones. Los negritos son delincuentes. Los pibes chorros no son las víctimas de un sistema perverso, sino la lacra de la sociedad. Buenos Aires existe sólo de Rivadavía para el norte.

10. Trato de tener espíritu crítico, y eso me permite pensar que no son lo mismo Macri y Filmus. No soy kirchnerista, pero (como León Gieco y varios más) haría campaña por Filmus. La hago desde acá. Si vos podés, hacé algo para tratar de evitar que Macri sea jefe de Gobierno. Puede ser terrible para mucha gente.




miércoles, 30 de mayo de 2007

Llamadas internacionales, llamadas tardías

El 29 de enero de este año se cumplieron 10 años de la muerte de Osvaldo Soriano. Yo escribí una nota para Clarín.com, y entre las personas que consulté estuvo Cristian Vaccarini, profesor de Letras, uno de los mejores docentes que tuve en mi vida. Le pedí que me mandara algo sobre Soriano y me escribió un texto del que, en el artículo, apareció sólo un fragmento. Desde entonces tengo la idea de publicarlo acá, y no lo hice.

Ahora, llego tarde. Porque en su texto Cristian afirma que "'Llamada internacional', sus contratapas en Página/12, merecen una recopilación". Y es esa recopilación, precisamente, la que Página sacó el domingo. De todas maneras, comparto aquí esta excelente reseña sobre Soriano y su obra.


Soriano construyó en su obra novelística un compendio de lo que podríamos llamar “realismo argentino”, en el que recorrió muchas de las paradojas nacionales. Sin necesidad de apelar a lo maravilloso, le bastó con apenas exacerbar las inverosimilitudes, con frecuencia trágicas, de una comarca que las generaba sin cesar. Para ello trabajó, con mirada lúcida, oído de dialoguista y humor semiamargo, un grotesco que combinaba las taras y las frustraciones del país con los sueños y los ideales de algunos de sus habitantes. Hizo correr ese grotesco, que a veces cae en excesos, también por las vías del periodismo y fue cronista impiadoso de las miserias de los '90 (“Llamada internacional”, sus contratapas en Página/12, merecen una recopilación). Soriano mostró el carácter innato de la política como farsa. La historia argentina lo obsesionó y en una de sus mejores novelas, No habrá más penas ni olvido, supo darnos una clave precisa de esa insoslayable galaxia llamada peronismo.

Hay en su literatura una predilección evidente por la acción (siempre están pasando cosas en sus novelas), y por los personajes que pudieron ser, y no fueron. Se mueven entre el empecinamiento del deseo y el desencanto de la derrota, en un mundo de palizas, cigarrillos, solidaridades de apuro pero sinceras, invitaciones a beber, planes alocados y noches lluviosas que todo lo fastidian. El cónsul Bertoldi y el delegado Ignacio Fuentes quizá sean los más entrañables, pero sospecho que el mejor personaje de la escritura de Soriano es su propio padre.

Fue y es un escritor muy leído, y uno puede conjeturar los frecuentes “¡Es así!” de sus lectores al encontrarse con las muestras de lo argentino como grotesco. Pero recibió numerosos desdenes de ámbitos académicos, una de las causas de que su obra aún no haya ingresado del todo en el canon literario nacional. Quizá es prematuro hablar de influencia sobre escritores posteriores. En todo caso, podríamos preguntarnos por líneas de parentesco con autores de su generación que ficcionalizan nuestra historia contemporánea: en estos términos, pienso, por ejemplo, en Saccomanno como un compañero de ruta de Soriano en la literatura argentina.



lunes, 23 de abril de 2007

¿Cuánta tristeza puede soportar una persona?

Elsa Sánchez de Oesterheld sufrió entre 1976 y 1977 el secuestro y la desaparición de su esposo y de sus cuatro hijas, que tenían entre 17 y 25 años. Agreguémosle detalles aberrantes a la tragedia de perder tantos seres queridos: ella conservó durante varios meses la esperanza de encontrarlos con vida, al menos a algunos (piensen en lo atroz de esa última aclaración: al menos a algunos).

¿Cómo se puede seguir viviendo después de sufrir algo así? Nadie que no sea ella misma es capaz de entender y comprender totalmente lo inconmensurable de ese horror. Ella siguió adelante, probablemente, por la circunstancia de haber quedado a cargo de uno de sus nietos.

En la película "Hora Cero", un documental de José Luis Cancio sobre la vida de Héctor Germán Oesterheld realizado en 2002, a Elsa se la ve mal, casi abatida. Dice que ahora que su nieto creció (tenía en ese momento 27 años) ya no tenía demasiado sentido vivir. Se la ve triste y realmente sin ganas de más.

Yo estuve en su casa el miércoles pasado. Y ahora es otra. Tiene un entusiasmo renovado: explica que, después de un período en que había decidido no hablar, más volvió a la militancia de Abuelas, porque las otras abuelas y las Madres están viejitas y cada vez hay menos con capacidad de moverse activamente.

"Y yo lo siento como un compromiso, una necesidad, de construir la memoria de lo que pasó. Este año, además, con los 30 del secuestro de Héctor y los 50 de El Eternauta, van a ser tantas las cosas... Pero bueno, yo cumplí 82 el mes pasado, y digo: si paso los 82, voy a vivir hasta los 100".

En la biblioteca del living de su casa tiene las fotos de su esposo y sus hijas. Se ven como se ve en la imagen que acompaña estas líneas.

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miércoles, 7 de marzo de 2007

El boxeo como musa de las bellas artes

Mi amigo Diego -a quien va dedicada esta entrada- publicó ayer un post sobre boxeo. Y hace algunas recomendaciones literarias: un par de artículos periodísticos, el libro "The Sweet Science", y los cuentos "Torito", de Cortázar, y "El campeón", de Ring Lardner. Nuestro amigo -y también colega del fóbal- Ramiro deja un aporte: el artículo "The Fight", de Norman Mailer, sobre la pelea Ali vs. Foreman en África en 1974. Aquí nos permitimos un par más:

-Otros dos cuentos de Cortázar: "Segunda vuelta" y "La noche de Mantequilla".
-También "El noble arte", un texto de La vuelta al día en ochenta mundos que comienza diciendo: "Una noche me tocó involuntariamente dejar estupefacta a una señora que me preguntaba cuáles eran los grandes momentos del siglo XX que me había tocado vivir. Sin pensar, como siempre que voy a decir algo que está realmente muy bien, contesté: 'Señora, a mí me tocó asistir al nacimiento de la radio y a la muerte del box'." Habla de la pelea Firpo-Dempsey, del año 23.
-Un artículo de Juan Sasturain en Página/12: "Shadows", de hace poco más de un año. Excelente.

Y hay una novela reciente de Martín Kohan que se llama Segundos afuera, de Martín Kohan, que se me hace que debe estar bien.

Es notoria la cantidad de películas que hay sobre boxeo. Enumeración rápida y de memoria:

Rocky y todas sus secuelas
El toro salvaje
Huracán
Million Dollar Baby
El campeón (levante la mano quien no haya llorado con esa película)
El luchador
Hasta el último round
Ali

Las tres últimas no las vi. Calculo que debe haber muchas más. Es sólo una intuición, pero me parece que el boxeo es el deporte que mejores frutos literarios y cinematográficos ha producido.


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sábado, 27 de enero de 2007

El jogo bonito y otras mentiras

Tal vez haya creado demasiadas expectativas por la referencia que hice en un post anterior. Lo que quiero decir del fútbol brasileño es lo siguiente:

Los jugadores brasileños son de los más sucios del mundo. Su fútbol lo es. Crecí viendo fútbol por TV, de cuando los partidos de Copa no eran por cable ni codificados, y bajo la cantinela de: "los brasileños son vivos...".

¿Qué significó siempre ser vivos? Hacer tiempo. Simular lesiones para que pase el tiempo. Arqueros que salen a cortar un centro y, sin que nadie los toque, caen al piso como si les hubieran pegado un tiro, y quedarse allí hasta que pasan unos cuantos minutos en atenciones. Simular ser víctimas de faltas para hacer expulsar rivales, simular violencia: nunca vi actuaciones más burdas que las de los brasileños, que caen al piso después de una patada, dan cinco vueltas rodando en el suelo y luego vuelven a saltar, con gestos de dolor tan inverosímiles como una película de Jackie Chan. Verse obligados a atarse los cordones de los dos botines antes de hacer un lateral, curiosamente sólo cuando van ganando. Reclamarle a los árbitros con una agresividad ilegítima, sabiendo que los jueces saben que tienen que ayudar a los brasileños.

Los brasileños son vivos. No diré que no juegan bien, porque han tenido y tienen grandes jugadores. ¿Pero cuántos son? Un puñado, los que se destacan. Y ganan: saben ganar. Pero no me vengan con jogo bonito. Eso es una mentira. El Brasil del 70 puede haber jugado bonito. Después, puro verso de Nike para vender camisetas.

Bastó ver el partido del juvenil de Brasil contra Chile. Indignante. Se creen que pueden hacer lo que quieran.

Que nadie use como respuesta "todos los equipos del mundo juegan así". Puede ser. Pero basta de joder con jogo bonito. No sólo juegan sucio, sino que como tienen material para ganar sin jugar sucio, las trampas son aún más evidentes.

Si tanto les dolió el famoso bidón de Bilardo, es porque no se les ocurrió primero a ellos. Y en la disyuntiva Pelé o Maradona, siempre terminan con el argumento de "Maradona se drogaba". Es un poco porque nunca tuvieron un jugador de las agallas del Diego, pero más que nada porque nunca metieron un gol tan importante con la mano. Les hace sentir que no son tan vivos como se creen.

PD: ¿Por qué hablan de "problemas personales" entre Pellegrini y Riquelme? Riquelme no juega porque es malísimo, un muerto, lo arruina todo. Pekerman no tuvo "problemas personales" con él, al contrario, lo bancó mientras pudo. Pero Riquelme da más lástima que el Chavo cuando lo echan de la vecindad. Yo creo que Pellegrini -que lejos está de ser santo de mi devoción- simplemente se dio cuenta.

martes, 16 de enero de 2007

Algunas ideas sobre el éxito de Radio 10

Mi anterior post "Escuchar a Dolina en Radio 10" generó algunos comentarios interesantes. Alguien habló de artistas fachos, otro de que la radio es un antro nazi, otra persona sobre la ausencia de los ídolos indiscutidos, y otros plantearon la necesidad de un análisis serio y riguroso sobre Radio 10. Ensayaré algunas cositas sobre el asunto.

(Lo que sigue es bastante largo. Si tenés unos minutos, hacé click en "Seguir leyendo". Si no, te espero en el próximo post.)

Radio 10 lidera las audiencias en todas las franjas de horario y de edad. ¿Eso cómo se logra? ¿Pura estrategia de marketing? Imposible. De ser así, los marketineros de la empresa deberían ser objeto de estudio casi al mismo nivel que Goebbels. Tiene que haber algo más. Juan Pablo reseña algunas de las respuestas habituales de los oyentes de la radio: "me informan y encima me re divierten", "es dinámica y manejan buena información", "¿fachos?, pero si no son fachos".

Tal vez la clave está en ese último punto. Acá hablaré de mí: yo que leí y vi por TV textos y artículos (opiniones) de Hadad y compañía, que los vi expresar ideas relacionadas con la mano dura, que los vi crear campañas de sensacionalismo para generar un clima de miedo en la sociedad, mentiras como aquella de "la Colombia nuestra de cada día" por la provincia de Buenos Aires (y ojo que yo vivo en Florencio Varela, eh, no toco de oído desde mi depto de Palermo o Barrio Norte), yo ya no puedo decidir si escucho o no esa radio a partir de la información que manejan o el entretenimiento que me dan.

Entonces: ¿manejan buena información? Puede ser. ¿Son re divertidos y entretenidos? También puede ser (me resulta incomprensible luego de haber escuchado alguna vez a González Oro cantar y repetir a los gritos "dale gas", o a Baby Etchecopar, o a Feinmann, o a Laje o a cualquier otra de esas lacras, pero digamos que puede ser). Pero vuelvo a lo de más arriba. "¿Fachos? Pero si no son fachos..."

Habrá que ver entonces que se entiende por facho. Alguien sugirió que Dolina es facho, y eso es mentira. Los periodistas... Creo que hay que tratar de ver cómo son, qué opinan, qué dicen, más allá de ver si los catalogamos como fachos o no.

Y acá viene lo que quiero decir.

Creo que el éxito de Radio 10 radica en la empatía que logran con el oyente en relación con sus ideas políticas, aún en los oyentes que se consideran apolíticos y en los que dicen que la política no les interesa (como el analfabeto político del que habló Brecht). Porque todo el discurso y el ideario (no hablemos de ideología, que es demasiado grande) de derecha es compartido por vastos sectores de la población.

Sucede que hoy en día ser de derecha es políticamente incorrecto, entonces muchos no lo aceptan. Lo esconden. Está muy mal visto hablar mal de los negros frente a gente desconocida, entonces me callo, a ver si me mandan al Inadi o a esos que defienden los derechos humanos de los delincuentes. Pero en privado me quejo de los negros de mierda, que tienen la culpa de todos los males del país, esos vagos que no quieren laburar, la lacra de los pibes chorros, los bolivianos y los paraguayos que vienen a quedarse con el trabajo y usarnos los hospitales, habría que eliminar la pobreza matándolos a todos, no sirven para nada. Algo así es lo que uno escucha, lo que respira, arriba y abajo. Gente rica y gente pobre. No toda, claro, pero esa idea subyace, conforma un sedimento que aparece en ciertas situaciones. Por ejemplo, al escuchar Radio 10.

La radio de Hadad hace explícitas, más o menos sutilmente, estas ideas. Por ejemplo, si al día siguiente de una manifestación masiva en la Plaza de Mayo la noticia es que la plaza quedó sucia, el mensaje es claro: "negros sucios de mierda". Si hay caos vehicular, como les encanta decir, el mensaje es "negros vagos de mierda, me vienen a joder a mí que trabajo, yo qué culpa tengo de que no tengan trabajo, que reclamen pero en otro lado, que a mí no me jodan". Si detienen a un chico y el periodista desde el estudio reta a la movilera y la obliga a decirle "delincuente" en vez de "chico", el mensaje es "esos negritos de mierda no son chicos, son la lacra de la sociedad, los culpables de que no se pueda salir de noche a la calle, habría que matarlos a todos porque no nos dejan vivir en paz a la sociedad".

Y esto es compartido por mucha, pero mucha gente. Mucha más de lo que uno suele imaginarse. En las encuestas nada de esto se ve, porque en las encuestas se responde otra cosa: lo correcto. Lo que el que responde cree que es lo correcto. Pero estas tendencias se ven cuando hay situaciones medianamente extremas. Si a mí el Estado me expolia, veo en el otro un manifestante que reclama por sus legítimos derechos. Si a mí ya no me expolia y me permite mis gustitos de pequeñoburgués, veo en el otro un negro de mierda que me impide la libre circulación que la Constitución me garantiza. Cuando el hombre tiene miedo, tiende a recluirse en sus prioridades más básicas, más elementales: comida, techo, seguridad. Por eso las campañas para imponer el miedo, para hacer sentir que todo eso corre peligro.

Robos, asaltos, violaciones, no se puede salir a la calle: mano dura, Ruckauf gana la gobernación de la provincia prometiendo meterles bala a los delincuentes. Como si los delincuentes hubieran bajado de un plato volador, como si fueran invasores extranjeros. Eso es no ver que la delincuencia se cocina en la Argentina, acá, entre nosotros, en la pobreza, en las villas miseria junto a los barrios privados. Pero no: la delincuencia está afuera, no deja vivir a los ciudadanos, en palabras de Blumberg. Los ciudadanos son los rubios y los ingenieros y sus hijos y los que sí pueden cortar la calle.

Eso es lo que "la gente" quiere escuchar. Ver que el origen de la delincuencia está en la pobreza, en la falta de educación, de posibilidades, y que la solución a esos problemas está en decisiones políticas de largo plazo, es un poco más complicado que matar al chorrito de acá a la vuelta.

¿La "gente", la sociedad es facha entonces? No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que matando a los perros no se acaba la rabia. En todo caso, deberían matar a todos los perros, y eso un poco difícil.


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sábado, 30 de diciembre de 2006

Un mundo más peor

"Un mundo menor peor", pedía uno de los personajes de la película de Alejandro Agresti que se llama precisamente así. Si uno lo piensa un poco, es un pedido casi desesperado. Ya no se pide un mundo mejor, como se lo pedía décadas atrás, cuando -curiosamente- el mundo era bastante mejor que ahora. Ni siquiera se pide que siga igual, mantener el cero a cero. No: es "un poco menor peor", o sea, sabemos que nos van a golear, pero que la idea es que al menos no nos metan tantos goles como la última vez.

Bueno, ni eso. El mundo cada vez es un poco peor. La muerte de Saddam Hussein esta mañana significa eso.

Mañana miles de niños en el mundo recibirán el nuevo año en la calle. ETA rompió la tregua y volvió a poner una bomba en Madrid. Decenas siguen muriendo cada día en las guerras civiles de Irak, de Sudán y tantos otros lugares. Así se va 2006. Pero la muerte de Saddam -que fue un criminal, eso es claro y nadie lo negará aquí-, luego de una parodia de juicio, luego de la invasión de un país soberano con argumentos falsos y haciendo caso omiso de todas las advertencias de una organización que, se supone, está para evitar los atropellos, la muerte de Saddam, digo, rompe otro límite. Es la ley de la selva, del más fuerte, lisa y llana, sin disimulos, sin máscaras.

Tenés el petróleo que necesitamos: inventamos una excusa, te invadimos, te robamos todo y te asesinamos. Lo que nos importa es eso, ahora arréglense. ¡Mamá, mamá, los iraquíes se están pegando! Dejalos que se maten.

Después de la muerte de Saddam, el mundo es peor que antes. Mucho peor. Me animo a decir (sé que quizás exagero, pero es una sensación) que es tan malo como hubiera sido luego de la Segunda Guerra Mundial si la hubieran ganado los nazis. Y las expectativas son siniestras, porque al revés de lo que pedía Agresti, en el futuro nos espera un mundo más peor.


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viernes, 24 de noviembre de 2006

La Razón

1

Cuando yo era chico, allá por los años 80, había un jueguito tipo adivinanza: uno describía una esquina, decía que en una vereda había un kiosco de diarios, en la otra una tienda, en la otra una panadería, y entonces venía un auto por una calle y otro auto por la otra y el semáforo estaba de determinada forma y no importa bien todo lo demás. Lo que sí importa es que los autos chocaban y el acertijo concluía con una pregunta: ¿Quién tiene la razón? El que había escuchado lo pensaba más o menos y luego decía el chofer A o el chofer B. El chiste era que no, que la razón la tenía el kiosquero de esa esquina, porque La Razón era un diario.

2

Cuando yo era chico, allá por los hoy recordados con una nostalgia snob años 80, La Razón era efectivamente un diario que se vendía en los kioscos. Había sido uno de los diarios más grandes hasta hacía poco (no por nada formó parte de Papel Prensa), tenía formato sábana, era —como todos los demás, excepto aquellos suplementos deportivos del Diario Popular, ¿se acuerdan del chico de la publicidad que, durante el mundial Italia 90, le preguntaba al padre: “¿Papá, quién es Rumeninga?”?— en blanco y negro…

3

Ahora ya no soy chico y La Razón ya no es un diario. Es, más bien, el apéndice de un diario. O quizá sí es un diario, pero no se vende en los kioscos de diarios. Es más: no se vende. Es un diario gratuito. El procedimiento es el siguiente: cuando recién sale, a eso de las 4 y pico, 5 de la tarde, lo reparten en las estaciones jóvenes bien vestidos con sonrisa Kolynos dibujada en la cara.

Pero al rato los distribuidores pasan a ser chicos cada vez más chicos, sucios, desamparados, que gritan “La Razón” en los pasillos del subte y entregan el diario a cambio de moneditas, aunque el periódico diga en su portada que es gratis.

Ayer en un pasillo de Constitución los repartía una nena que tenía una carita que debía ser la misma que tenía la tristeza a los 4 años de edad. Porque esta nenita no tendría más de eso: 4 años, tal vez 3. O 5, qué sé yo. En cualquier caso, tenía menos de los que tenía yo cuando ya había aprendido aquella adivinanza que terminaba preguntando quién tenía la razón. Hoy sé que es hasta mejor no preguntárselo, porque nuestra sociedad perdió la razón hace rato.


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